"Debemos de romper con lo que se conoce como “el sesgo del presente” que favorece los réditos de corto plazo por encima de los más valiosos de largo plazo que requieren más esfuerzo". (Foto: USI)
"Debemos de romper con lo que se conoce como “el sesgo del presente” que favorece los réditos de corto plazo por encima de los más valiosos de largo plazo que requieren más esfuerzo". (Foto: USI)

Es difícil pronosticar el rumbo de la crisis económica actual porque no tiene precedentes, al no ser una crisis puntual sino global y al tener un componente sanitario incierto que afecta el consumo. Las pérdidas de empleo y de riqueza de esta crisis son similares a las de la Gran Depresión de los 30, solo que más rápidas. Debemos evitar que esta crisis se prolongue por muchos años, para ello hay que actuar no solo aplicando medidas coyunturales, sino también reformas estructurales que mejoren nuestro atractivo a los inversionistas y manteniendo nuestra estabilidad jurídica.

Cuando hay una crisis global se hace más difícil salir de una recesión ya que no hay quien actúe como locomotora para jalar a los países rezagados. En este contexto, los países más capaces de promover la inversión interna y la extranjera se recuperarán más rápido. Todos competirán agresivamente por atraer inversión extranjera, la que obviamente se dirigirá a aquellos países que se perciben como menos riesgosos y que ofrecen mejores perspectivas y retornos. Entre ellos debemos estar.

Esto implica que aparte de las medidas de corto plazo necesarias para controlar mejor los contagios y mitigar el daño económico sobre las empresas y familias más afectadas, debemos posicionarnos también como uno de los países más atractivos para la inversión, entre los que estábamos hasta hace poco. Somos menos atractivos a juzgar por los distintos ránkings de competitividad. En el Doing Business del Banco Mundial en los últimos dos años caímos dieciocho posiciones, al puesto 76, y ahora nos encontramos a media tabla en cuanto al clima para hacer negocios en el mundo. Lo más preocupante es que en términos de la facilidad para empezar un negocio, clave para cualquier inversionista, nos ubicamos en el puesto 133, cada vez más rezagados, debido a la alta burocracia y a las trabas que enfrentan los emprendedores formales para abrir y sostener una empresa en nuestro país. Hay que aprender de los países que nos superan.

Debemos de romper con lo que se conoce como “el sesgo del presente” que favorece los réditos de corto plazo por encima de los más valiosos de largo plazo que requieren más esfuerzo. Relancemos el Plan Nacional de Competitividad y Productividad, dándole la prioridad que se merece, fortaleciendo su equipo, dotándolo de recursos y estableciendo un cronograma y metas específicas. Necesitamos volver a atraer inversión directa extranjera en los niveles de hace una década.