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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

Sin embargo, en las últimas semanas ha dado señales que, particularmente, suenan como un campanazo de alerta. Una de ellas fue su apoyo, sin ambigüedades, a que Cuba, una dictadura de más de 50 años, de los hermanos Castro, presida la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). ¿Es válido que un gobierno que no cree en las libertades más elementales nos represente en un foro de esa naturaleza? Se puede entender que el Perú esté en contra del embargo contra la isla por principios humanitarios, pero lo que preocupa es que no marquemos distancia con Estados que se quedaron en los tiempos de los parques jurásicos y que someten a su gente a sistemas en los que no cuentan las voluntades individuales, solo las de las cúpulas de poder.

¿Es que el antiguo y trasnochado pensamiento Humala del pasado no se ha transformado verdaderamente? Hace poco el mandatario aludió, hasta con añoranza, a la "nefasta reforma agraria". Recordemos, además, que cuando Hugo Chávez, aún sano, recibió la visita de Ollanta, este le regaló un libro sobre la vida y obra del dictador Velasco.

Hay circunstancias en que los gestos revelan más que las palabras. Estamos convencidos de que Ollanta Humala ya ganó confianza en el cargo. Eso es bueno, siempre y cuando mire hacia el futuro y no caiga en la tentación del "pensamiento con el que fue amamantado", que es claramente obsoleto y antidemocrático. Humala tiene en sus manos la posibilidad de dar el gran salto que el país requiere convirtiendo el crecimiento económico que ha heredado en la gran oportunidad para que el Perú dé el salto hacia el desarrollo. Pero eso solo se puede lograr en democracia fortaleciendo las instituciones, luchando contra los que concentran el poder y subyugan a sus pueblos. Que las encuestas no lo mareen.