notitle
notitle

Juan José Garrido,La opinión del directorHace pocas semanas presentamos nuestra primera entrega de Debate21, un espacio donde reflexionar acerca de nuestros problemas nacionales y proponer soluciones desde la perspectiva de los principales expertos y actores locales.

En dicha entrega, titulada "¿Cómo retornar al 7% de crecimiento?", tuvimos como invitados a cuatro reputados economistas locales, quienes nos dejaron algunas pautas de reflexión, la primera de ellas –tal vez la más importante– es que en el futuro deberíamos bajar nuestras expectativas respecto a la tasa de crecimiento. En resumen, que nuestra tasa de crecimiento "potencial" ya no será de 6%, como teníamos en mente, sino probablemente cercana al 5%, e incluso podría ser menor.

Antes de entrar al debate, sería bueno reincidir en su importancia. Existen múltiples razones por las cuales es importante crecer por encima del 5%: mejores salarios (convergencia social), convergencia tecnológica con los países desarrollados, mayor presupuesto para inversión y gasto público, entre un largo etcétera. La más importante es la reducción de la pobreza: cada punto adicional de crecimiento del PBI en Perú saca a cerca de 220,000 personas de la condición de pobres y a otro tanto de la pobreza extrema.

Si esa es nuestra principal ambición (mejorar la calidad de vida de aquellos millones de peruanos postergados, y así nivelar la cancha económica, política y social), entonces todos debiéramos empujar el carro en la misma dirección. Saldrán, en estos momentos, quienes indiquen que ese es el debate que nos tiene entrampados (bajo qué modelo); no obstante, digamos que para eso existen dos (entre otros) importantes grupos de actores y que tienen capacidad de influenciar o definir nuestro futuro: primero, los expertos, razón fundamental por la cual acudimos a ellos en primer lugar; segundo, los empresarios, aquellos que hacen posible dichas tasas de crecimiento. Invitamos, por ello, a los cuatro principales líderes de los sectores de producción: agricultura, pesca, minería e hidrocarburos, e industrias. Juntos suman cerca de un tercio de nuestra producción total, pero sin duda son los sectores más importantes: ellos demandan bienes y servicios de los otros dos tercios, y contribuyen con ingentes recursos fiscales.

Para que no quede duda: 78% de la inversión bruta del 2013 fue privada; y si hacemos una correlación entre crecimiento e inversión, no existe variable más adecuada para predecir la actividad económica. Es el empresariado, medido por su optimismo y expectativas (las que se traducen en inversiones), el que jala en mayor medida nuestro PBI.

Ahora, mientras que los primeros (los expertos) ven languidecidas nuestras posibilidades de crecimiento futuro, los segundos (los empresarios) las ven abiertas a tasas mucho más altas, de 3% a 4% si deseamos cuantificarlas. ¿Derroche de optimismo? Puede ser: por naturaleza, los empresarios son optimistas… y bien mirado, deberían serlo. Como el delantero en el fútbol, deben ser optimistas para aprovechar los mejores retornos y espacios en el mercado. Enhorabuena entonces porque se mantengan, aún, optimistas con el futuro de largo plazo.

Lo segundo es cuestionar si dicho optimismo es, más allá de bueno, plausible: ¿puede el Perú crecer a tasas asiáticas por varios años? Por supuesto que sí. China creció por encima del 10% anual promedio por casi 3 décadas. Solo un oficialista, y por motivos populistas, podría –hoy– negarles ese desafío a los peruanos. Si pudiese opinar, diría lo mismo: vistas nuestra realidad, fortalezas y el largo listado de reformas pendientes, el Perú puede (y debería) crecer a tasas superiores al 9% por muchos más años.

Pero regresemos a los empresarios. ¿En qué basan dichas expectativas? En primer lugar, la benevolencia de Dios (o la naturaleza). Nuestro país está bendecido por increíbles riquezas naturales que, bien explotadas y bien invertidos los beneficios, nos pueden llevar sin problemas al Primer Mundo: una malla agrícola invalorable, provista de agua y una diversidad climática impresionante, que encima complementa el calendario agrícola de los países demandantes; una magnífica piscina marina, llena de riqueza que satisface sin problemas el consumo humano e industrial, así como recursos hídricos insuperables para la acuicultura; y una geografía accidentada que nos hace uno de los países mineros y gasíferos más importantes del mundo: oro, plata, cobre, petróleo, gas, y un largo etcétera.

¿Qué requieren estos empresarios para llevar (y llevarnos con ellos a todos) adelante sus sueños? Lo tienen claro: liderazgo, estabilidad jurídica y económica, confianza por parte del Estado. ¿Lo tenemos tan claro el resto de peruanos y, sobre todo, nuestras autoridades?