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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@infonegocio.net.pe

La conciencia se aquieta cuando hay dolor por el daño causado a otro. Haría bien Fujimori en arrepentirse de sus actos y delitos producto de impulsos destructivos incontrolables. Sufrir por lo que hizo sufrir, liberándose así de la prisión más dura: la de la conciencia. Podría empezar por pedir perdón a doña Susana, por haberla hecho torturar; a la compañera que le dio cuatro hijos, que apoyó intensamente en la economía familiar y en la vida, incluida la campaña que lo hizo presidente. Ella había denunciado que sus cuñadas negociaban la ropa donada y la corrupción en Palacio, donde veía maletines llenos de dólares. Arrepentirse de que no le asqueó el robo de dinero público y prefirió hacer psicosociales para que se la creyera loca.

Después, pedir perdón, de corazón, a los deudos de los jóvenes asesinados de la Cantuta y de tantos inocentes de Barrios Altos, incluso niños. Y de cosas que solo él y Montesinos sabrán. Hacer eso y no cartas manipuladoras con dibujos colegiales, para dar pena y estar siempre en el escenario político.

Pedir perdón ayudará a su depresión, se sentirá mejor con él mismo y enseñará algo bueno a sus hijos.