Las familias LGTB ya existen, no son un descubrimiento de la campaña electoral. (Ilustración: María Cecilia Rodríguez)
Las familias LGTB ya existen, no son un descubrimiento de la campaña electoral. (Ilustración: María Cecilia Rodríguez)

En estas elecciones, nuevamente, se escucha el ‘pero’ en la boca de la mayoría de los candidatos presidenciales cuando hablan de las parejas y familias Es algo así como “no odio a los homosexuales, pero…”. Después del ‘pero’ llegan frases del tipo “que no se les permita la adopción”. Sí, con los niños que no se metan.

Olvidan estos personajes que las familias LGTB ya existen, y que ni los padres ni las madres gays, lesbianas o trans ‘homosexualizan’ a sus hijos. Resulta que la homosexualidad no se contagia, la orientación sexual no se pega, no se implanta desde una pizarra. Es posible que desde el lado ‘heterosexual’ no se entienda la magnitud del ‘pero’. Cuando estás en la otra orilla, en el de las familias LGTB, tus derechos como padre o madre no existen, y son vulnerados día a día, de manera enfermiza, absurda y mezquina.

Tengo dos hermanos de poco más de 20 años. Nunca oculté mi orientación sexual, y ellos, a pesar de las dos décadas que nos separaban, entendieron bien que no había nada para criticar o cuestionar.

Carlos, Renzo y mis padres me acompañaron a la Marcha por la Igualdad en abril de 2014.

El hijo de mi compañera durante casi 20 años ha crecido a mi lado, y hoy que ya cumplió 27 no es gay, y también fue con nosotras a esa y otras manifestaciones. Diego es el primero en expresar su desacuerdo respecto a estas posturas absurdas que nos rodean y que durante dos décadas nos han acompañado: porque a lo largo de este tiempo nadie reconoció a nuestra pequeña familia. Nadie. Ni en la calle ni en la escuela. Y tampoco en nuestros trabajos. Así ha crecido Diego, viendo que sus dos mamás no encajaban en esta sociedad y que eran invisibles.

Y él no guardó silencio ante sus amigos. Nunca nos metió en el clóset. Esta generación, la de mis hermanos y la de Diego, me hace creer que algún día dejaremos de ser excluidos como personas y como familia.

Ellos no necesitaron de una pizarrita para entender el amor. Ante la ley, Diego –que tiene un gran papá– no tiene dos mamás. Y no tiene derecho a nada de mi parte por no ser su mamá biológica. Así de simple. Ese es el Perú que también existe y que tercamente los políticos no ven o no quieren ver para cuidar el voto conservador.

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