[Opinión] Felipe Morris: ¿Condenados a más de lo mismo? (Foto: Jorge Cerdán)
[Opinión] Felipe Morris: ¿Condenados a más de lo mismo? (Foto: Jorge Cerdán)

El próximo domingo tendremos elecciones regionales y municipales en un ambiente de mucho desinterés por parte del electorado. La razón es obvia, los partidos y movimientos políticos nos ofrecen más de lo mismo: candidatos deslucidos, muchos de ellos inexpertos y otros con antecedentes o sentencias judiciales firmes; o con graves acusaciones de todo tipo que no nos brindan ninguna confianza. Lo que prima cuando las agrupaciones políticas eligen a sus candidatos es el amiguismo y cercanía a los líderes, y no la capacidad e idoneidad para gobernar. Los candidatos a la alcaldía de Lima mostraron poco conocimiento sobre las competencias de dicha municipalidad y presentaron propuestas inviables en el debate del domingo. ¿Cómo será en otras circunscripciones?  Ante esta pobre oferta electoral, no sorprende que a estas alturas un alto porcentaje de electores se mantenga indeciso. Una vez más nos enfrentamos a la disyuntiva de tener que votar por el “mal menor”, ya que pocos candidatos realmente están preparados para gobernar.

Hay mucho en juego ya que estos nuevos funcionarios se encargarán de administrar alrededor del 60% del presupuesto nacional y porcentajes aún mayores en obras de infraestructura. Ya conocemos las falencias de nuestras autoridades subnacionales para administrar sus presupuestos: alrededor de 2,000 obras paralizadas, corrupción generalizada y gran número de autoridades en prisión o bajo investigación. Difícil ser optimista porque es evidente que la situación no va a mejorar después de estas elecciones. No se le puede pedir peras al olmo. Con ligeras excepciones en algunas circunscripciones, no hay forma de elegir a gobernantes idóneos. Un panorama desolador que tenemos que cambiar.

Nuestro gran reto como sociedad es mejorar nuestra clase política, lo que nos involucra a todos. Si no acometemos una reforma política profunda, las elecciones que vengan después de esta nos traerán más de lo mismo: autoridades oportunistas, corruptas o, en el mejor de los casos, simplemente incompetentes. La reforma política la tiene que aprobar el Congreso, lo que parece poco probable que ocurra en estos momentos por el desinterés que ha mostrado en una reforma de esta naturaleza. La que se hizo en el gobierno de Vizcarra fue un fracaso, y debilitó nuestra clase política. Hay algunas propuestas de reforma en el Congreso, pero requieren ser consensuadas e integradas en un marco coherente. Aunque es poco probable que este Congreso apruebe algo coherente, hay que insistir en plantearla. Esta historia no ha terminado y es evidente que, sin un cambio de actitud de todos nosotros, la situación solo irá empeorando.