"A pesar de que el sector privado comprende dos tercios de la economía, Xi Jinping ha decidió cambiar la dinámica, priorizando a compañías menos eficientes". (Foto: EFE)
"A pesar de que el sector privado comprende dos tercios de la economía, Xi Jinping ha decidió cambiar la dinámica, priorizando a compañías menos eficientes". (Foto: EFE)

Cuando Deng Xiaoping diseñó la transición económica de China a finales de los setenta lo hizo con la idea de situar al sector privado como un engranaje vital de la maquinaria económica. La mezcla de una pizca de laissez faire y del control omnipresente del PCC sobre estas nuevas burguesías, abrió la esclusa a que China se nivelara con los países capitalistas de su entorno, sobrepasándolos en poco tiempo y así convirtiéndose en un gigante económico.

Más de cuarenta años después, China afronta crisis por todos los frentes: malestar social en Hong Kong, una desaceleración económica, una guerra comercial con su rival militar y geopolítico más importante y más recientemente el brote del coronavirus, que pondrá a prueba la reacción institucional del país y su transparencia para con la comunidad internacional.

Pero en la última década se viene produciendo un cambio en el núcleo de la economía china que podría convertirse con los años en su mayor óbice hacia el crecimiento, finalmente anquilosando su desarrollo y apetito expansionista en el indo-pacífico: la relegación de las empresas privadas sobre las estatales.

En una reciente artículo, Nicholas R. Lardy del Peterson Intitute for International Economics, señala que durante los años comprendidos entre 2005 y el 2015, las empresas privadas crecieron dos veces más que las públicas, pero que a partir de entonces su output industrial comenzó.

A pesar de que el sector privado comprende dos tercios de la economía, Xi Jinping ha decidió cambiar la dinámica, priorizando a compañías menos eficientes. En el 2016 los créditos a empresas estatales llegaron al 83%, comparado con el 11% a empresas privadas. A partir de entonces no se publican cifras más actualizadas, la razón es desconocida pero seguro usted podrá sacar sus propias conclusiones.

¿Por qué este cambio de prioridad hacia activos y empresas estatales? La deuda corporativa que amasaban las empresas privadas arredró del susto a las autoridades chinas, que decidieron cortar las vías de acceso a financiamiento más accesible.

Esto produjo el fortalecimiento del “Shadow banking” o banca informal a la que recurrieron muchas pequeñas y medianas empresas para expandir su capacidad productiva. El problema es que estos bancos invierten los depósitos en activos con alto riesgo y cobraran tipos de interés leoninos. En el 2017 las autoridades desbarataron estas instituciones lo que derivó en la quiebra de 200.000 sociedades limitadas, 10% del total.

Es evidente entonces que este favoritismo del PCC hacia sus empresas recae en el poder de control y agilidad de respuestas sobre las mismas ante amenazas y competencia externa. El cariz de la cuestión es que, según el Ministerio de Finanzas de China, el número de empresas estatales con pérdidas viene incrementando año tras año alcanzando 69.000 compañías en el 2017.

La prohibición de empresas privadas de penetrar mercados estratégicos sin la venía del gobierno o bajó su férula directa, dificultará el crecimiento en los años por venir al impedir que compañías mejor adecuadas y libres puedan tomar decisiones que resulten en réditos más a largo plazo que a corto.

Un país desarrollado requiere inversión en servicios de calidad para una población cada vez más educada y con una identidad nacional más sólida. Salud, infraestructura y educación deberían ser más la prioridad del gobierno chino que un puñado de empresas zombi.

No es de esperar que abandonen sus inversiones en minería, en empresas industriales y tecnológicas, pero el PCC debería entregar más responsabilidad a empresas privadas, desistir en inyectar dinero en empresas ineficientes y concentrarse tareas de desarrollo que por ahora las viene haciendo bastante bien porque crece a un 6,6%, (su menor tasa de crecimiento en 28 años).

China no dejará de ser una amenaza mientras siga creciendo y no se vea retenida por su economía. De eso depende mucho el tipo de trayectoria que trace para los próximos cuarenta años Xi, tal como lo hizo Xiaoping en su momento y se concentre en colocar eficientemente la regadera de dinero que por ahora fluye por las venas de su país.

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