(GEC)
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Lo dijo Pablo Macera. Unos se escandalizaron, otros aplaudieron. Unos dijeron que es verdad, somos un país desorganizado y bullanguero. Otros contestaron que no, los burdeles suelen ser ordenados y eficientes. Así que el Perú debía ser otra cosa. Lo cierto es que somos varios Perús al mismo tiempo. A tal punto que el mundo no se explica cómo, si éramos el país latinoamericano con las mayores fortalezas estructurales para soportar la epidemia, terminamos siendo el que más muertos sufre y más pérdidas tiene. ¿Qué pasó? Pues que hubo un Perú que estuvo muy bien en economía y otro Perú que estuvo y sigue estando muy mal en gestión pública. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer para cuando todo esto acabe? La respuesta parece obvia: mantener lo bueno y corregir lo malo. Pero las preguntas reales son: ¿cómo hacerlo, por qué no se hizo antes y qué asegura que lo podamos hacer?

Hace 50 años Macera conversaba con Jorge Basadre, quien consideraba que la independencia era una promesa incumplida. Con otro matiz, Macera sostenía que fue una revolución secuestrada por sus enemigos, que se convirtieron en gobernantes de la República. Coincidieron en que faltó un plan nacional. El gobierno fue captado por caudillos militares, oligarquías terratenientes, empresas extranjeras o una combinación de ellas. Recién a 150 años de la independencia hubo un plan nacional con Velasco, solo que fue un desastre total. La Constitución de 1993 construyó fundamentos para que se desarrollara uno a partir de la acumulación nacional de capital. Pero un proceso de regionalización antes de tiempo dilapidó ese capital entre los gobiernos regionales, que se convirtieron en los nuevos caciques. La corrupción terminó de matar el experimento. En eso llegó la epidemia.

Un buen gobierno se parece a la vida en condominio. Para que todo vaya bien hay que pagar la cuota de mantenimiento, tener un plan de reparaciones y mejoras, contratar un buen administrador, cumplir el reglamento, señalar lo que está mal y, sobre todo, poner el hombro cuando las cosas se ponen feas. La vida puede ser un infierno o una bendición según los vecinos que uno tenga. Al final, depende del compromiso de cada uno para construir una buena vecindad. El gobierno de lo nacional no es distinto. El pecado es que nos ha importado poco. Se lo dejamos a los demás. Promesa incumplida, gobiernos secuestrados. En ocho meses vienen las elecciones. Esta vez sí nos deben preocupar. Hay que ponernos de acuerdo en muchas cosas. Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Lo dijo Vallejo.

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