El mundo de Greta. (Foto: AFP)
El mundo de Greta. (Foto: AFP)

Hace un año, Greta Thunberg tenía 15 años y protestaba sola ante el Parlamento sueco por la indiferencia de su país ante la catástrofe climática. Hoy no es más una manifestante solitaria. Es un ícono generacional. En palabras de uno de los principales columnistas de New York Magazine, es la Juana de Arco del cambio climático, que comanda un ejército global de activistas adolescentes, en batalla contra las generaciones mayores que no se inmutan ante lo evidente.

No recuerdo a nadie que haya logrado tanto a tan corta edad. Ha movido al mundo, ganándose detractores, sobre todo a los negacionistas y a los tecno-utópicos, que en el fondo buscan proteger el consumismo desenfrenado que nos empuja al abismo, pero asegura el lucro. Ha logrado inspirar y convencer a escolares de distintas partes del mundo de que ellos son el último reducto para detener la codicia de un puñado de personas que hacen lo que esté a su alcance para que nada cambie y así seguir acumulando cantidades obscenas de dinero.

Se calcula que, en marzo, cerca de 1.5 millones de escolares salieron simultáneamente a las calles de las principales ciudades del mundo, de París a Tokio, pasando por Nairobi, Sídney y NYC. Ese fue el inicio. El movimiento a favor de un cambio radical ha seguido creciendo y, este viernes, bajo el lema “Viernes por el futuro”, retoman la huelga juvenil mundial. En Perú, los escolares saldrán en 11 provincias.

El mensaje de Greta y su generación es claro: los adultos necesitamos estar a la altura de la gravedad de lo que sucede. No es suficiente seguir diciendo que se le debe dar esperanza a los jóvenes. Tenemos que asumir una urgencia similar a la que sentiríamos si nuestras casas se incendiasen. Y actuar como si nuestras vidas dependiesen de ello, porque lo hacen.

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