El miedo del modelo al tiro de Antauro
El miedo del modelo al tiro de Antauro

El modelo económico no tiene quien lo defienda. Es una lástima. Treinta años han pasado desde el inicio de las reformas de ajuste y los resultados han merecido mejores escuderos. Obviamente, las políticas de mercado distan mucho de ser una maravilla, pero consiguieron convertir un Estado fallido en un país viable. Prohibido olvidar.

Cuando las políticas económicas encontraron sus límites (sobre todo en la capacidad redistributiva de la riqueza), ya habíamos dejado la pobreza extrema en menudas proporciones. La frivolidad y la corrupción de los gobernantes de turno, empero, postergaron indefinidamente tanto correcciones como reformas complementarias. El modelo se desvirtuó y se puso al servicio de intereses particulares, y al tolerar altos niveles de informalidad —esa porosa frontera con la ilegalidad—, se filtraron mafias que cohabitaron los mismos salones de tecnócratas liberales y empresarios de cuello blanco. Algunos, como sabemos ahora, pactaron.

La defensa del modelo no recayó, pues, en escuderos programáticos e ideológicos, ni en convencidos políticos e intelectuales liberales, sino en relacionistas públicos de intereses privados. Cuando Ollanta Humala asomó sus posibilidades electorales, no se convirtió en una “amenaza” para las políticas de mercado (profundamente enraizadas y difícil de desmontar en aquel momento), sino en un peligro para determinados poderes económicos. Hoy, también lo sabemos, terminaron pactando.

El fujimorismo —padre político de las reformas de ajuste— confundió la estabilidad de los negocios con la estabilidad macroeconómica. Se convirtió en el garante del statu quo, antes que en la representación del liberalismo económico. Ahí radica parte de su caída. No todo es ensañamiento de sus rivales políticos. Para ser justos, apristas y pepekausas —actores promodelo— han vivido lo mismo. Actualmente, esas tres agrupaciones políticas están reducidas a su mínima expresión, razón por la que solo apreciamos sus reflejos roncos en defensa del “modelo”. Ahora que Antauro Humala aparece con caudal electoral propio, ¿qué partido será su dique ideológico?, ¿cuál bancada, en el vigente Congreso, custodiará el pacto económico de los noventa?, ¿el Frepap?

Hoy, que parece rendir frutos la crítica al establishment, pocos son los incentivos para defender las política promercado y menos, para prometer una versión mejorada. La ambición por réditos electorales puede provocar un descuido, y terminar apoyando a alternativas “refundacionales”. Por eso, la continuidad de lo que queda del “modelo” se pone en juego en el largo año electoral ya iniciado.

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