(Foto: Congreso de la República)
(Foto: Congreso de la República)

Lo ocurrido con el candidato Daniel Mora daña al Partido Morado, pero sobre todo a su líder Julio Guzmán. Para comenzar, revela que seguimos careciendo de filtros a la hora de formar listas para el Congreso. De otra forma no se explica la postulación del general EP en retiro. Podríamos hasta creer que Guzmán no tenía idea de la denuncia por violencia familiar contra uno de los fundadores la agrupación, pero de ninguna manera, y menos a la luz de los documentos oficiales que han circulado este fin de semana, que no se incurrió en una negligencia al permitirle y promover la participación de Mora en las elecciones. Y hacemos énfasis en la palabra promover porque el número que le fue asignado en la lista para Lima le otorgaba ventaja frente a otros, pero además porque fue uno de los tres voceros que eligió el partido para representarlo en el debate organizado por el JNE.

Daniel Mora fue denunciado por su esposa en marzo del año pasado por maltrato físico y psicológico. El peritaje es concluyente al punto que la Corte Superior instó al candidato a cumplir con tres meses de terapia para el control de sus emociones y dispuso una serie de garantías para salvaguardar la integridad de la víctima en abril de 2019. Él y Guzmán son fundadores del partido. Trabajan juntos desde 2014.

Lo peor ha sido la respuesta del excandidato presidencial a la crisis: escuetos y fríos pronunciamientos a través de Twitter sin posibilidad a repregunta ni autocrítica alguna, mientras candidatos que no están inscritos en el Partido Morado y postulan en calidad de invitados, como Alberto de Belaunde, ponen el pecho por él. La actitud de avestruz no se condice para nada con la imagen de quien aspira a ser gobernante.

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