Foto: El Comercio
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Ninguna economía puede funcionar y otorgar bienestar a todos los ciudadanos si no existe credibilidad entre los distintos miembros de la misma. Me refiero a las personas, las empresas y el gobierno. Si nadie cree en nadie, entonces nadie emprende un negocio, se anima a invertir, etc. Si llegan vacunas y acceden a ellas un pequeño grupo de privilegiados, varios de los cuales lo logran por la posición que ocupan, ¿qué puede pensar el ciudadano de a pie a menos de dos meses de las elecciones?

Sostengo que el Perú tiene como modelo una “economía de contactos”, que no se basa en la igualdad de oportunidades, por lo que genera desigualdades desde el inicio. Solo los que están conectados con alguna instancia estatal acceden a privilegios. Eso es lo que hay que eliminar antes de pensar en cuál es la mejor estrategia económica para el Perú. No es un tema de izquierda ni de derecha.

Se sigue que el problema no es el modelo económico (si es que existe) ni tampoco el que se plantea podría reemplazarlo. Perú es el país de los privilegios y contactos. Después de lo que estamos viviendo con el escándalo de las vacunas, ¿en serio alguien cree que cambiando el modelo económico vamos a mejorar?

MIRA: Preguntas a los candidatos

La economía no funciona en un vacío, sino en una realidad. Si lo que tenemos es una realidad plagada por favoritismos y corrupción, no hay estrategia económica que funcione para todos. Y eso es contrario a una economía social de mercado. Se llama mercantilismo. Lo he escrito y explicado muchas veces.

El resultado de una economía basada en favoritismos es la pérdida cada vez mayor de credibilidad en las autoridades políticas del país. ¿Cómo implementar la medida A o B si no creemos en quienes van a dirigir el proceso? No se puede. Entonces cada uno se las arregla como puede. Y como resultado, la realidad no solo se convierte en la ley de la selva, sino que cada uno hace lo que quiere. Seamos repetitivos: no hay estrategia económica que funcione así.

Dejemos por un momento las ideologías de lado. También los odios. Dejemos de insultarnos y busquemos soluciones. Seamos, esta vez, pragmáticos. Veamos qué funciona y qué no funciona en el Perú. Si la respuesta es nada (en mi opinión no es así), entonces comencemos a crear algo que funcione. El problema es de personas, que son quienes implementan las estrategias.

No todos los funcionarios son corruptos. Existen muchos que son honestos y transparentes. Lo difícil es separar a unos de otros.

Como no tenemos instituciones creíbles, vengo insistiendo en que los candidatos deben darnos los nombres de aquellos que serían sus primero(a)s ministro(a)s, ministro(a)s de Economía, Salud, Educación e Interior, por lo menos. No perfiles, sino nombres.

Entonces, como electores buscaremos qué hicieron en su vida previa. Sé que no es suficiente y tal vez utópico. También deberíamos tener más nombres (alrededor de 3 mil por candidato), pero por algo hay que comenzar. ¿No están de acuerdo? Ok, entonces propongan algo. Salimos todos juntos, no separados.

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