(Foto: AFP)
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En setiembre de 1959, en plena Guerra Fría, Nikita Kruschev, primer ministro de la URSS post-Stalin, fue invitado por el presidente Eisenhower a visitar EE.UU. en el ánimo de deshielar las tensas relaciones.

En una reunión con periodistas y autoridades, se le criticó la existencia de un solo partido existente en la URSS, el Comunista (PCUS), contrastándolo con la existencia en EE.UU. de los partidos Republicano (PR) y Demócrata (PD). Kruschev, con sorna, les preguntó: “¿En qué se diferencian?”. Para los comunistas de entonces, los partidos de EE.UU. tenían que ser procapitalistas, y punto.

El PR (160 años) y el PD (190 años) marcan la historia política de EE.UU. Sus características han venido cambiando con relación a ciertos temas y situaciones históricas, existiendo, también, tendencias que se muestran en las duras elecciones internas.

El PD se considera “progresista”. Sostiene el liberalismo moderno, Estado de bienestar (más impuestos a los que más tienen), atención médica universal, protección del medio ambiente, derechos LGBT, apoyan a los palestinos, etc. Tiene tendencias de derecha, centro e izquierda.

El PR, calificado como conservador, también tiene tendencias. Estado chico, menos gastos públicos, privatización del servicio de salud, economía libre de mercado. Menos impuestos. Contra aborto y LGBT. Influencia de iglesias evangélicas.

Donald Trump es un extremista de la derecha republicana y con poses caudillistas. Joe Biden, que va ganando, es considerado un representante del centro democrático. Las presentes elecciones pasarán a la historia, por lo que está en juego a nivel mundial, por lo reñido de la competencia, la polarización y las tercas acusaciones de fraude del presidente de EE.UU.