notitle
notitle

Apagones diarios, racionamiento de agua, eliminación de jornadas de trabajo, escasez de alimentos y medicinas, inflación de 700%, presos políticos, control de libertades y muchas otras miserias es lo que está viviendo Venezuela hoy en día.

Los gobiernos latinoamericanos, que tienen gran responsabilidad en la crisis venezolana, vienen observando, sin ruborizarse, cómo el gobierno que avalaron está llegando a su fin. Un país que tiene todo para ser rico se encuentra dolorosamente sumergido en el caos y la miseria.

Todo lo que sucede en Venezuela, sin embargo, ha sido hecho en nombre de los más pobres. Cuando Chávez accedió al poder, en épocas de bonanza petrolera, implantó un régimen socialista autoritario que pretendía expandirse por todo el continente. Así, creó la Alianza Bolivariana para América (ALBA) con la idea de que toda la región fuera socialista.

En Sudamérica, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, en su momento, se alinearon y de alguna forma se sometieron al millonario liderazgo que ejerció Chávez con los dólares petroleros. El Perú se libró, pero estuvimos cerca, muy cerca, de caer en la red socialista del ALBA, con su principal promotor en el país: Ollanta Humala.

En el 2006, el triunfo de Alan García impidió que el "socialismo del siglo XXI", liderado por Humala, se enquistara en el Perú. En el 2011, Humala tuvo que darle un giro a su "Gran Transformación" y moderarse con su famosa "Hoja de Ruta" para llegar a Palacio.

Ya en el gobierno, Humala no aplicó la receta chavista en el Perú. Hoy, 2016, el pueblo peruano decidió no tener un gobierno socialista, pero nuevamente estuvimos cerca, muy cerca.

La experiencia venezolana debería mostrarnos cuál es el camino incorrecto para eliminar la pobreza. Pronto, el pueblo venezolano triunfará y tendrá que iniciar la reconstrucción de su país, lamentablemente a un costo muy alto.