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En el año 2015 las exportaciones peruanas cayeron 13.8%, agravando el retroceso que se tuvo en el 2014, que fue de -11%. Estas disminuciones se explican básicamente por la caída de nuestras exportaciones de minerales, pero la particularidad del año pasado es que nuestras exportaciones no tradicionales, que año a año venían creciendo a pesar de las crisis, cayeron por primera vez el 2015 un 7.5%.

Las exportaciones no tradicionales, aquellas con mayor valor agregado y que generan mayor número de empleos directos e indirectos, caen no por un mal entorno internacional, sino porque vienen perdiendo competitividad.

Pero hay un ejemplo exitoso: la agroexportación. En los últimos dos años de caída de exportaciones, este sector es el único que ha seguido creciendo. En el 2014 creció 21% y el 2015 un magro 3.2%, pero crecimiento al fin. ¿Qué hace que este sector siga creciendo a pesar de las dificultades en los mercados externos y la falta de competitividad que sufren todos los productores? En gran medida se explica por un régimen laboral especial, más flexible y porque está sujeto a un Impuesto a la Renta del 15%.

Hace unos años la agroexportación peruana era casi inexistente. Entonces, se crearon condiciones para que este sector se desarrollara; el privado empieza a invertir y el sector despega hasta conseguir ese boom agroexportador. Espárragos, uvas, paltas, mangos y en general frutas y hortalizas peruanas llegan hoy a los grandes mercados del mundo, aprovechando la eliminación arancelaria que ofrecen los TLC. Esperamos que la diversificación productiva que se viene trabajando sea exitosa y veamos nuevos sectores produciendo y la recuperación de los ya existentes, pero esto será imposible si cada vez se pierde más competitividad por un régimen laboral rígido, un sistema tributario agobiante, un Estado que frena todo con trámites insufribles y una gran falta de infraestructura. Mucho por hacer.