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Cuando el presidente viaja oficialmente al extranjero tiene el deber de presentar lo mejor de nuestro país. La diplomacia presidencial es sumamente efectiva cuando es bien ejercida. La atención de la prensa internacional está en todo movimiento, en toda declaración; sigue todos los pasos y detalles, incluso aquellos relativamente frívolos, como los vinculados con el protocolo y la etiqueta. Suele haber reuniones bilaterales privadas y conferencias de prensa conjuntas. Se organizan eventos con el sector empresarial para captar potenciales inversionistas y promover alianzas estratégicas. Se expone lo mejor de nuestra oferta exportable y al país como un gran destino turístico. Todo bien.

Pero también suele haber entrevistas y es ahí donde el presidente tiene la gran oportunidad de explayarse sobre las bondades del país y elevarse sobre lo cotidiano y localista. Pero, qué torpeza criticar a la prensa peruana en el extranjero, quejarse de la oposición y halagar al chavismo. Qué torpeza.

El año que le falta al presidente no le será fácil, es un año electoral y él sabe bien lo que se viene, porque ha estado ahí, liderando oposición. Lamentablemente, parece ser que los líos en que anda envuelto por las confusas operaciones financieras de su señora y presidenta de su partido lo tienen preocupado, al extremo de parecer descontrolado.

Serénese, presidente. La prensa lo seguirá criticando y la oposición lo seguirá guerreando. Pero agradezca que se encuentre con una oposición que parece generosa y le permite legislar con facultades su último año. Oposición que ahora es mayoría y parece estar actuando responsablemente sin buscar desestabilizarlo. O no se acuerda de la oposición nacionalista, cuando entraron a golpes al hemiciclo a oponerse al TLC, o cuando participaron en el fracasado golpe al entonces presidente Toledo, o cuando prepararon la solicitud de vacancia al presidente García, entre muchas otras perlas. Oposición, la de sus tiempos.

Eduardo Ferreyroseduardoferreyros@gmail.com

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