notitle
notitle

En los últimos días, se interpeló al ministro de Justicia por intentar callar a una procuradora, la que investiga a la primera dama, precisamente. Se le aplicó una ley que a ningún procurador se le había aplicado antes: la que exige pedir permiso a sus superiores para declarar a la prensa.

Ante la inminente censura, el ministro fue respaldado por el premier y su gabinete. Sin embargo, ¿qué decidió el gobierno? Renunciar al ministro, pero en combo, destituyendo también a la procuradora ante la sorpresa e indignación de la gran mayoría de peruanos. No les importó nada, salvo hacerle el camino más fácil a la esposa del presidente.

Mientras tanto, el Tribunal Constitucional declaraba improcedente el recurso que había presentado la primera dama para evitar no solo que se le investigue a ella, sino a todo un grupo de personas que estarían vinculadas al presunto delito de lavado de activos.

En esos días, también renunció al partido de gobierno la primera vicepresidenta Marisol Espinoza, aparentemente por un maltrato sostenido de parte de la pareja presidencial.

Todos estos hechos se encuentran relacionados con la primera dama, acusada de usurpación de funciones por el ex vicepresidente Omar Chehade.

El gobierno no puede estar centrado únicamente en lo que le suceda a la señora Nadine Heredia. Lamentablemente, parece que todo ha pasado a un segundo plano en la agenda del país.

Sin importarle las consecuencias, el Ejecutivo actúa como si no hubiera temas más importantes que resolver, que afectan a todos los peruanos; en vez de ello, se concentra básicamente en resolver un solo problema, el de la señora Heredia, caiga quien caiga en el camino.

El presidente de la República debe convocar ya a elecciones y gobernar los nueve meses que le quedan pensando en todos los peruanos y en el país que entregará a su sucesor.

eduardoferreyros@gmail.com