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Mauricio Macri ganó, luego de 12 años de socialismo kirchneriano. Bien por este gran país. Sin embargo, lo que encuentra no será nada fácil de resolver y el mandato recibido no es tan contundente como el que necesita.

Al escribir estas líneas, su ventaja alcanzaba un 2.8%, lo que indica que, a pesar de las múltiples dificultades económicas y el deterioro en la calidad de vida, parece ser que los argentinos no están convencidos de necesitar grandes cambios, y vaya que los necesitan.

La Argentina por gobernar se encuentra con un nivel de inflación que superaría el 25%, con un sistema de subsidios gigantesco, que les paga cuentas por igual a todos los pobres y ricos, con una moneda que cada día pierde valor por un perverso control del tipo de cambio.

Macri encuentra una economía argentina que no crece desde hace 4 años, poco competitiva, con inversiones que no llegan, con una falta de confianza generalizada en los agentes económicos, con empresas acostumbradas al proteccionismo y una administración pública enquistada de burócratas que lo irán guerreando en el ajuste.

Debe hacer alianzas para gobernar y reformar, pero sin claudicar.

Y es que pareciera que los argentinos, en términos generales, no creen en las libertades económicas. Macri ha ganado no tanto por un convencimiento urgente de reformas económicas sino más bien por un cansancio de la figura y personalidad de Cristina Kirchner.

Macri, para ganar la segunda vuelta, tuvo que virar su propuesta inicial hacia la izquierda, acercándose al kirchnerismo. ¿Optará Macri por una lenta gradualidad en el ajuste, lo que puede resultar peor que la enfermedad o tomará al toro por las astas y hará un ajuste adecuado en su momento de gloria?

Argentina necesita abrir su economía al mundo, integrarse a los grandes mercados y escaparse del cepo Mercosur. Un país que lo tiene todo para alcanzar el desarrollo no puede perder esta oportunidad.

Adelante, Argentina.

eduardoferreyros@gmail.com