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El Perú es uno de los países más informales del mundo. Aproximadamente el 75% de los trabajadores en el Perú (PEA) lo hace fuera del marco legal. La iniciativa, el espíritu emprendedor de los peruanos, genera este ímpetu de incursionar en actividades económicas, en nuevos proyectos, pero rápidamente se encuentran frente a una gran muralla: el Estado. Para la mayoría de iniciativas, los beneficios de ser informal superan ampliamente a los de la formalidad y, por ello, buscan operar eludiendo el control del Estado. Se han intentado varios regímenes especiales para incentivar a las empresas a participar dentro del marco legal, pero nada ha funcionado de manera eficaz. Seamos claros, la informalidad no se resolverá de manera inmediata.

Un Estado que no ofrece servicios adecuados, con una institucionalidad precaria, con sobrerregulaciones opresivas y costosas, difícilmente atraerá a pequeños empresarios a incorporarse al mundo formal. Una de las formas para promover la formalización de empresas es incentivarlas y acompañarlas a exportar. Para exportar hay que ser formal. Si bien eso no solucionará los problemas de fondo que inducen a la informalidad, gran número de empresas ya lo vienen haciendo, principalmente buscando ingresar a los mercados regionales, donde resulta más fácil participar.

El reciente lanzamiento del Plan Estratégico Nacional Exportador, PENX 2025: Hacia la Internacionalización de la Empresa Peruana, debe servir como instrumento guía para que cada vez se incorporen más empresas a la búsqueda de mercados internacionales, abiertos a nuestros productos gracias a los TLC. Ya sea individualmente o en consorcios, la pequeña empresa puede internacionalizarse, exportando bienes y servicios; hay muchos casos exitosos que lo demuestran.

Apoyemos la formalización de empresas a través de las exportaciones. No es el único camino, pero sí uno que puede ir matando dos pájaros de un tiro.

eduardoferreyros@gmail.com