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Todo parece indicar que en muy poco tiempo caerá el gobierno de Dilma Rousseff. La Cámara de Diputados, en gran mayoría, votó por la apertura de juicio político que podría terminar con su destitución, lo que decidirá el Senado. Brasil profundiza así una crisis política que terminará con 13 años de hegemonía del Partido de los Trabajadores (PT).

Brasil debería ser un país rico, tiene todo para serlo, pero obviamente no lo es. Políticas públicas populistas, un mercado cerrado al mundo, un mercantilismo vergonzoso que beneficia a grandes empresas protegiéndolas de la competencia extranjera y una manipulación de las cuentas públicas que ha permitido financiar el populismo son parte de las razones del mal devenir de este país. Pero la principal razón parece ser la corrupción.

El detonante de la crisis fue la impudicia con la que Dilma trata de salvar a Lula de ir a la cárcel, invitándolo a ser ministro de gobierno cuando él "lo considere necesario", y así buscar eludir la justicia. Hoy Brasil vive entre graves denuncias de corrupción de la petrolera estatal Petrobras y de casos de sobornos de empresas brasileras que cruzan fronteras. Corrupción que no implica solo a la cúpula de gobierno, sino también a varios de los diputados acusadores.

En América del Sur, tres grandes países han venido aplicando, con matices, este socialismo del siglo XXI que el Perú ha estado dos veces muy cerca de aplicar. La Venezuela de Chávez y Maduro va cayendo, de a pocos, pero caerá, legalmente es insostenible su situación. En Argentina, luego de años de kirchnerismo, optaron, también legalmente, por un cambio de rumbo con Macri. Ahora, también dentro de la legalidad, le toca a Brasil romper con lo que hay para optar por un mejor futuro. Tres países con grandes riquezas que se han empobrecido por el mal gobierno y la corrupción.

Nuestra solidaridad con Ecuador, necesita nuestra fraternal ayuda en estos graves momentos.