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En el Perú, los supermercados botan, destruyen e incineran más de 300 millones de soles de alimentos al año. Alimentos aptos para el consumo humano, pero que no pueden ser comercializados, ya sea porque se aproximan sus fechas de vencimiento o porque tienen problemas o defectos en el envase. Al mismo tiempo, de 2013 a 2014, la anemia infantil en el Perú aumentó de 34% a 35.5%. Así como lo leen: aumentó en lugar de disminuir. Según la FAO, 2.3 millones de peruanos sufren de subalimentación, 7 millones viven bajo la línea de pobreza y 500,000 niños sufren de desnutrición crónica.

No obstante esta situación, la ley peruana incentiva a los supermercados a destruir alimentos (frente a un notario) en lugar de promover su donación a instituciones sin fines de lucro, como un banco de alimentos, para que puedan ser distribuidos entre la población más vulnerable. Así de absurdo está nuestro marco regulatorio. Es más caro donar alimentos en nuestro país que destruirlos.

En muchos países, empezando con la Ley del Buen Samaritano en Estados Unidos, en Chile, México, Argentina, Brasil, entre otros, existe un marco regulatorio que promueve que las empresas donen alimentos que ya no tienen "valor comercial", pero que son perfectamente consumibles, en lugar de incinerarlos, como en el Perú.

Es urgente promover un nuevo marco regulatorio que permita a las empresas proceder a donar estos alimentos. Bajo la ley actual, tributariamente, estos productos, al ser incinerados, son deducibles del impuesto a la renta y no están afectos a IGV, considerándose mermas o desmedros. Lo mismo debe darse con una nueva ley, pero que impulse a las empresas a donarlos en lugar de destruirlos.

Con el friaje todos los años, con el fenómeno de El Niño encima, mecanismos como este serán importantes paliativos para enfrentar los problemas que se generen de los mismos, pero la indolencia parece que sigue imponiéndose. ¿Qué opina el Midis?

Eduardo Ferreyroseduardoferreyros@gmail.com

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