notitle
notitle

Hay países que para "proteger la industria nacional" buscan evitar el ingreso de productos extranjeros a su territorio y así quitarles toda competencia externa a los productores nacionales. Esto lo logran imponiendo impuestos altos a la importación (aranceles) o creando barreras "técnicas" que impidan el cruce de frontera a los productos que vienen del exterior. Cuando esto sucede, los industriales nacionales viven temporalmente en el paraíso. Tienen el mercado para ellos solos y venden sus productos a precios altos y no se esfuerzan en mejorar la calidad, ya que de todas maneras les tendrán que comprar a ellos. Y bueno, compiten con el contrabando y mercado negro que las políticas proteccionistas generan.

Esto consigue que los industriales nacionales no se esfuercen en mejorar sus productos ni en ofrecer precios bajos al costo de disminuir sus altas utilidades. Los grandes perjudicados terminamos siempre siendo todos los peruanos, los consumidores.

Grandes fortunas se hicieron gracias a la "protección" del Estado. Los empresarios justificaban la protección afirmando que sin ella sus empresas quebrarían y al final, los que sufrirían serían los trabajadores que perderían sus empleos.

En el Perú, apostamos por el libre mercado hace más de veinte años. Los empresarios modernos han dejado de pedir favores de protección al Estado y más bien exigen que mejore la infraestructura y elimine las barreras internas que les impiden ser más competitivos. Y es exactamente eso lo que debe hacer el Estado, ofrecer las condiciones para que en el Perú las industrias puedan ser competitivas en el ámbito global.

Los gobiernos de izquierda ofrecen esa protección a los industriales, beneficiando a los ricos, a los dueños de empresas, a costa de los pobres que deben pagar altos precios. Felizmente, ninguno de los candidatos en carrera propone retroceder a un modelo proteccionista. Los consumidores seguiremos beneficiándonos de la competencia.