Vista gorda. (GEC)
Vista gorda. (GEC)

En medio del escándalo suscitado por la revelación de las actividades clandestinas del presidente Pedro Castillo en la casa que le han prestado en el pasaje Sarratea en Breña, llama tremendamente la atención que el jefe de las fiscalías anticorrupción, Omar Tello, afirme que no intervendrá esa vivienda pues no ve delito alguno en lo que todo el país pudo conocer el último domingo. El presidente cambia de atuendo para camuflarse, llega a altas horas de la noche a un local al que para defenderse llama su domicilio, pero en el que no vive, y lo hace para reunirse con representantes de comerciantes prontuaridos por sobornar autoridades.

La extraña respuesta que el letrado ofreció cuando la prensa le preguntó sobre el tema ayer por la mañana “la Fiscalía no ha establecido indicios de algún tipo de delito... Si me hablan de las reuniones en la casa de Breña, nosotros no hemos iniciado (investigación) porque no hay sospecha directa sobre ello… Si existiera algún elemento adicional en la prensa o cualquier otra información y se constituye una sospecha o indicio penal, tengan certeza que se va a intervenir”, huele, como lo dijo Perú21 en su portada de ayer, a cómplice.

Es decir, a pesar de que día a día surgen nuevos indicios que apuntan a posibles negociados entre contratistas y altos funcionarios del Estado, en un lugar al que subrepticiamente asiste el presidente de la República, en la Fiscalía deciden cruzarse de brazos. Mientras que la Procuraduría Pública, la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo se manifestaron de inmediato y hasta entraron en acción, el organismo llamado a investigar lo que ha venido ocurriendo durante las agitadas noches en el pasaje Sarratea decide mirar a otro lado.

El mutismo de Zoraida Ávalos no apagará, ciertamente, el clamor político que la nocturnidad presidencial ha levantado, pero vaya que parece devolvernos a épocas en que los fiscales de la Nación, tipo Blanca Nélida Colán o Miguel Aljovín, se sometían mansamente al poder de Vladimiro Montesinos.

La pregunta es a qué juega Zoraida Ávalos. Porque la fiscal de la Nación es la jefa de Omar Tello y la institución que dirige ya ha mostrado una alarmante inconsecuencia en casos emblemáticos como Los Dinámicos del Centro o Bruno Pacheco; el hallazgo de esos 20 mil dólares en la oficina de Pacheco no tuvo de parte de la Fiscalía una reacción correcta, el dinero ni siquiera fue incautado por el fiscal que llevó a cabo la diligencia, como tampoco se incautó el celular del entonces secretario presidencial. Ni siquiera al inspector Clouseau, de la Pantera Rosa, se le escaparía así la tortuga durante una intervención. Insistimos, esto huele muy mal.