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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

La victoria de su actual presidente ha mejorado en un 10% su performance de las últimas elecciones demostrando que el poder desgasta cuando los gobernantes lo utilizan en contra de los intereses de sus pueblos. Si apuestas a mejorar la calidad de vida, como ciertamente ha ocurrido en el Ecuador de Rafael Correa, puedes contar con la fidelidad de los beneficiarios. Más meritorio aún si lo logra en un clima de libertades democráticas y con transparencia como ha ocurrido en el vecino país.

El presidente reelecto ha dicho: "O cambiamos ahora al país o no lo cambiamos más".

Nunca ha habido condiciones más favorables debido al apoyo interno y al clima de integración regional que, de avanzar en su proceso de consolidación, nos permitirá afianzar –como sudamericanos en primer lugar y como latinoamericanos más tarde– un bloque político y económico capaz de negociar en condiciones de igualdad con los grandes poderes del planeta. Rafael Correa se ha permitido, sin alharacas pero con determinación, poner fin a la presencia estadounidense en la base de Manta, realizar una auditoría ejemplar de la deuda externa que le permitió reducir significativamente su monto, otorgar asilo al imprescindible Julian Assange, retirar al Ecuador del Ciadi, defender el patrimonio energético y producir, simultáneamente, reformas en su país destinadas a la inclusión social. No es poca cosa y sería bueno tomar nota de ello.