Despedimos el 2021 muy mal, con un gobierno plagado de acusaciones de corrupción hasta los niveles más altos, poco transparente, con muchos nombramientos de personas incompetentes en cargos importantes, y sin intenciones de hacer respetar la ley y el orden, lo que ahuyenta la inversión privada y genera expectativas negativas en la población sobre su futuro. A eso se une el incremento de la inflación y la fuerte devaluación de la moneda debido a la fuga de capitales causada por la incertidumbre política, a pesar de los esfuerzos del BCRP por atenuarlas

Como se esperaba, la economía peruana se ha empezado a desacelerar y debemos olvidarnos del 13% de rebote estadístico de 2021 que obviamente no es mérito del gobierno. No sorprende que intente apropiarse de dicho crecimiento y no presente sus proyecciones para 2022 que sí son su responsabilidad. Más bien, está gestando el magro crecimiento que nos depara el 2022 pese a contar con un entorno externo aún favorable, aunque no exento de nubarrones por el rebrote de la pandemia, la inflación global que sigue fuerte y problemas geopolíticos. Nuestra economía ya empezó a desacelerarse.

Difícil crecer más de 2% sin un cambio de timón en el gobierno que tendría que empezar con reconstituir el gabinete para incluir a profesionales competentes con capacidad gerencial que generen la confianza necesaria para la inversión privada, que todos pronostican que decrecerá el año que viene, e imponer el orden para frenar los abusos que afectan a la minería. El gobierno tiene dos opciones: o se mantiene como ahora promoviendo reformas que no son las que le pide el pueblo y equivocándose en su equipo ministerial u opta por el cambio y corrige rumbos. El costo de seguir equivocándonos es muy alto e impide mejorar las condiciones de vida de la población y la generación de empleo productivo y digno.

No queda claro qué camino seguirá el presidente, que se ha mostrado errático y poco claro en sus cinco meses de gobierno, dando señales mixtas que cada vez convencen a menos y que contribuyen al clima de desconfianza e incertidumbre que tanto daño nos está haciendo. Por otro lado, se requiere una mano más firme por parte del Congreso para: censurar a aquellos ministros que no dan la talla, fiscalizar con celeridad los indicios de corrupción que se presentan en distintos estamentos del gobierno, conminar a las distintas autoridades del gobierno a hacer respetar la ley y el orden; y legislar para implementar las reformas que requerimos. Difícil ser optimista en este entorno.

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