(GEC)
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La minería es, sin duda, una de las principales actividades económicas en el Perú. No solo por su contribución en el PBI, sino por el volumen de empleo directo e indirecto que genera, y el comercio y las inversiones laterales que fomenta allí donde realiza sus actividades, llevando progreso y modernidad a comunidades que, de otra manera, seguirían estancadas y sin posibilidades de mejorar el horizonte de vida de sus pobladores y familias.

Pese a esto, pareciera que a las actuales autoridades gubernamentales este vital sector de la producción no le importara, pues, lejos de cautelar su desarrollo, se dan el lujo de castigarla pretendiendo aumentar una carga tributaria que de por sí ya es pesada.

Ello como parte de un paquete de medidas que el MEF busca promulgar –vía el cheque en blanco de las facultades legislativas, que está planteando al Congreso− mientras en estas últimas semanas la minería vuelve a ser víctima de ataques incendiarios, paralizaciones, bloqueos de carreteras esenciales para realizar sus trabajos, actos vandálicos contra sus herramientas, instalaciones y vehículos, y demás situaciones de violencia inadmisibles en un Estado de derecho.

Como toda respuesta, el gobierno se limita a anunciar que las Fuerzas Armadas saldrán a patrullar las calles de Lima, otra pomposa medida que no le ha servido ni siquiera como golpe de efecto para demostrar una supuesta preocupación por la seguridad ciudadana, ya que esta premeditada y coordinada ola de ataques contra la minería y la agroindustria, en diferentes puntos del territorio peruano, le da un rotundo mentís.

Lo que le correspondería a un gobierno con liderazgo claro es prever o atender de inmediato estos conflictos, buscando acuerdos duraderos que eviten perjudicar a cualquiera de las partes involucradas, pero, sobre todo, defendiendo los intereses del país en su conjunto, que en buena cuenta implica proteger sectores como la minería y la agroindustria, dada su gravitación en la economía nacional.

Si el presidente Pedro Castillo insiste en minimizar la importancia de actividades económicas –hostigándolas o abandonándolas a su suerte− que han sostenido el crecimiento del Perú en las últimas décadas, es que continúa sin entender lo que significa gobernar.

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