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Ricardo Lago,Uso de la palabraEconomista y asesor financiero

Esta semana he participado en la conferencia anual que organiza el Banco Central de Croacia en Dubrovnik. El tema a debate es la transición de las economías de Europa del Este. La primera conferencia tuvo lugar en 1995, por lo que se trata del vigésimo aniversario. He asistido a las veinte, que siempre se celebran en junio, lo que me ha permitido ser un observador de la evolución de la economía de Croacia. Dubrovnik se asienta en una pequeña península al sur de Croacia y su impresionante conjunto arquitectónico, testigo del esplendor pasado, está circunscrito por una imponente muralla que se baña en las aguas del Adriático.

La república de Ragusa, pues ese era su nombre en latín, se fundó en el siglo VII, y fue una de varias ciudades-estado del Mediterráneo, la más longeva, pues sobrevivió como tal hasta la ocupación napoleónica en 1806. Abarcaba un territorio de unos 80 km en la costa sur de lo que hoy es Croacia. Era estado soberano aunque siempre bajo la sucesiva protección de alguno de los imperios de la zona, cronológicamente: Bizancio, Venecia , Hungría, el imperio otomano, y luego el austrohúngaro. Fue un país próspero, con una economía fundamentada en el comercio internacional entre Asia y el Mediterráneo, la marina mercante y la diplomacia. Alcanzó su mayor esplendor en los siglos XV y XVI.

Hoy la ciudad de Dubrovnik es un polo turístico de alto vuelo, pero en junio de 1995 no había un solo turista y el panorama era desolador. Dubrovnik sufrió como pocas ciudades los excesos de la violenta desintegración de Yugoslavia en seis estados sucesores. Los únicos inquilinos de los hoteles eran refugiados de la zona alojados por el Estado. A la vista estaban los impactos, en tejados y monumentos, que dejó el bombardeo de la aviación yugoslava en 1991. La ciudad seguía en estado de sitio, víctima de ataques esporádicos de fuerzas irregulares operando desde enclaves de la vecina Bosnia. De hecho, un grupo de asistentes a la conferencia de 1995 tuvo que correr a un refugio por un bombardeo cuando esperaban el avión de regreso. Hoy, ya en junio, Dubrovnik está repleto de turistas, con los precios por las nubes y eso que la temporada apenas empieza.

De la conferencia resalto dos intervenciones. El jueves disertó el presidente del Banco Central de Alemania, Jens Weidmann; su mensaje fue que cada país de la Eurozona tiene que acelerar las reformas y responsabilizarse de sus propios excesos en lugar de tratar de mutualizarlos. Habló al final de la cena y acto seguido pudimos seguir el Brasil-Croacia en una pantalla gigante en la sala. Imagínense el júbilo de los croatas asistentes cuando Croacia le marcó a Brasil el primer gol del Mundial. Ayer, en la misma línea, Vito Tanzi, gurú de los temas fiscales en el FMI, argumentó que hemos caído en la trampa de los estímulos fiscales y monetarios permanentes y dejado de lado las necesarias reformas "supply side".

Un saludo a los peruanos de origen croata, y especialmente a Drago Kisic, cuya familia proviene de Dubrovnik. Les recomiendo el interesante libro: La economía de Ragusa: tigre mediterráneo del medioevo, que Oleh Havrylyshyn y Nora Srzentic, sus autores, presentaron ayer aquí.

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