"La disolución del Congreso anterior marcó un punto de inflexión en el Perú". (Foto: GEC)
"La disolución del Congreso anterior marcó un punto de inflexión en el Perú". (Foto: GEC)

La disolución del Congreso anterior marcó un punto de inflexión en el Perú. Si bien la decisión fue celebrada por la gran mayoría, incluyendo a quienes hoy lideran la intención de voto presidencial, las consecuencias están siendo nefastas. Esto se debe a que el nuevo Legislativo, con las iniciativas populistas y poco reflexivas que plantea, está empujando al país a una inexorable crisis económica, similar a la vivida en la década de los ochenta.

Por ejemplo, durante la semana pasada se presentó (i) un proyecto para permitirle al Ejecutivo “restringir o suspender” libertades económicas mediante decreto supremo, (ii) nueve proyectos para fijar precios de medicamentos en instituciones privadas y (iii) siete proyectos para sancionar penalmente a quienes decidan libremente cuánto cobrar por los bienes y servicios que ofrecen durante estados de emergencia.

Estas iniciativas generan dos tipos de daños. Directamente, se cercenan los ingresos de los comerciantes de los bienes y servicios regulados, impidiéndoles conservar y gozar en paz de los frutos de su propio trabajo. Por otro lado, se genera una enorme pérdida en la cantidad de transacciones realizadas, producto de la intervención estatal, lo cual siempre deriva en escasez, corrupción y represión por parte de las autoridades.

Además de la pandemia del coronavirus, estamos viviendo la pandemia del populismo. Por ello, para poder cambiar esta perniciosa situación, es importante que los ciudadanos estemos atentos a lo que hacen el Legislativo y el Ejecutivo, recordando siempre que nuestra historia está llena de inestabilidad e inseguridad jurídica, para así evitar repetirla.

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