notitle
notitle

Lucía de Althaus,Opina.21www.parentalidad.pe

Cuando una pareja se separa, hay dolor. Dolor por los hijos, pues si son pequeños se rompe en ellos la ilusión casi mágica de la familia. Mamá y papá unidos, reflejan esa fuerza que los puede proteger ante todo. Si hay una separación, esta fortaleza pierde su poder y puede instalarse la inseguridad y el miedo.

Pero también hay dolor en los adultos. El padre que se va tiene que armar su vida en una casa nueva y vacía. Y el que se queda, tiene que idear una nueva manera de mantener en pie una casa, a la que ahora le falta una de sus estructuras, que tiembla por las constantes erupciones emocionales de los niños afectados. Los padres tienen que ser contenedores emocionales de sus hijos, cuando en verdad ellos mismos también necesitan un continente para depositar toda su frustración, pena y miedo.

Las separaciones impactan fuertemente y si bien puede ser la salida necesaria, nunca es fácil. No se puede tratar como un evento pasajero, es necesario tener la posibilidad de elaborarlo –ya sea de manera personal o familiar– con un especialista.

TAGS RELACIONADOS