(GEC)
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Tal como se está haciendo en otras latitudes, el Ministerio de Salud recomendó oficialmente el uso de doble mascarilla para contener la propagación del contagio de la variante brasileña del COVID-19, especialmente en lugares de aglomeración, como mercados y transporte público.

A esta variante del virus, como se sabe, se le atribuye ya el 40% de los contagios que actualmente ostenta el Perú, pues su capacidad de propagación de individuo a individuo es mucho mayor que la de la cepa original. Un tejido doble sobre las vías respiratorias ha demostrado ser la única defensa eficaz.

Recordemos, asimismo, que en Brasil –donde hasta no hace mucho contaban con un amplio sistema de salud– la enfermedad se ha descontrolado totalmente. Los hospitales están saturados y se suceden los cambios ministeriales, mientras el país sigue rompiendo récords mundiales de contagios y muertes en un solo día. Ello debido a un presidente negacionista que va a la contraria de todas las medidas de bioseguridad aplicadas en otros continentes.

Pero la catástrofe sanitaria brasileña no es un hecho aislado en la región. Chile, siendo una de las naciones que más había avanzado en vacunar a su población, ya cerró fronteras, confinó la capital, Santiago, de extremo a extremo y ha restringido severamente la movilidad en el resto de su territorio. Todo indica que, como en el inicio de la pandemia –cuando parecía ser uno de los Estados que mejor estaban respondiendo a la plaga, se precipitó pronto en una inesperada emergencia nacional– el gobierno se confió demasiado y abandonó prematuramente las restricciones sanitarias.

Son dos casos distintos, por supuesto, pero los peruanos debemos permanecer alertas, pues tan lejos de las ominosas cifras de contagios en esos países no estamos. Los nuevos picos de avance del patógeno, así como la escasez de camas UCI y de oxígeno nos obligan a atender el llamado del Minsa y redoblar los cuidados.

Aquí no hay medias tintas: en la calle, en las aglomeraciones, en los espacios cerrados, en las reuniones sociales –por mucho aire libre que haya o por reducidas o familiares que estas sean– nos está esperando el bicho. Seamos prudentes.

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