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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

La partida de Chávez deja en Venezuela llantos entre quienes vivieron de su asistencialismo y esperanza entre los que, desesperadamente, buscan un cambio luego de 14 años, en los que el país petrolero solo vivió y gastó para los intereses del polémico gobernante, su cúpula y sus países aliados. Nadie puede negar que Chávez fue carismático, lenguaraz, estrafalario y popular entre los pobres de Venezuela, pero tampoco nadie puede afirmar que no concentró todo el poder, que no acosó a sus opositores y judicializó a la prensa. El tiempo dirá si Chávez murió en Cuba o en Caracas. Eso ahora es poco importante, aunque define la falta de transparencia de su gobierno y de los que lo heredan. Desde su última aparición pública, Chávez sabía que iba a morir. El asunto era ganar tiempo para que el sucesor, designado por él y por los hermanos Castro, pueda tener la posibilidad de ser elegido presidente. Escuchar y ver hablar a Maduro es ver al aprendiz de Chávez culpando a sus enemigos, principalmente "al imperio", como llaman a Estados Unidos, de haberle provocado el cáncer. Pero Maduro no le llega ni a la pantorrilla a Chávez.

Ahora lo único que se cumplirá de la Constitución es que se convocará a elecciones en 30 días, pues quien debió presidir la transición es Diosdado Cabello. Y para ganar las elecciones apelarán al sentimiento de temor y orfandad que deja un gobernante que copó todo. Los polos rojos aparecerán en las calles llorando por el padre protector que les daba pescado, pero que nunca les enseñó a pescar. Pero habrá pugnas internas que pondrán a prueba a los discípulos de Chávez. Mañana, encabezando su cortejo fúnebre, irán cinco caballos engafetados en negro y, estamos seguros, una multitud despidiéndolo, entre ellos, el presidente del Perú. Que descanse en paz y que Venezuela se reencuentre con la democracia verdadera. Amén.