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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

El llamado a un diálogo con las fuerzas de oposición debe ser un momento estelar y de liderazgo para quien tiene la iniciativa. Entendemos que al presidente le cuesta articular y, a veces, sigue creyendo que está en un cuartel en donde solo se da órdenes o se obedece, pero no se dialoga ni se discuten argumentos con los "subordinados". Cuando le preguntan sobre la solidez de Juan Jiménez como interlocutor, asegura que él no opina sobre opiniones, que las encuestas son para los 'opinólogos' y que él, únicamente, se dedica a gobernar.

El manejo de una nación requiere una voz firme, pero dialogante. Que sea capaz de salir de las paredes de Palacio y de su entorno más cercano. Si no es así, ¿para qué están invocando a un diálogo con la oposición a través de su jefe de gabinete? Si todo marchara sobre ruedas, no habría necesidad de buscar coincidencias con los adversarios.

Tiene que insistir, honestamente, en pasar la página de las confrontaciones a la proactividad en los grandes temas del Perú que, si bien no está en crisis (como absurdamente salió a decir el presidente y luego rectificó), está creciendo a un ritmo menor y ya no se pueden dejar pasar las oportunidades como en los últimos dos años, por indecisiones e inacciones.

Las inversiones que se paralizaron ya fueron, como el emblemático Conga, en Cajamarca, pero hay que destrabar otros proyectos que serán un escudo para neutralizar los factores externos, como ocurrió en 2009. La petulancia y la ignorancia son pésimos consejeros. Quisiéramos que los inquilinos de la Casa de Pizarro aprendan que dirigir un gobierno implica una cuota de entendimiento superior, sin las mezquindades que el vulgo puede darse la licencia de sentir.