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El panorama económico internacional sigue siendo sombrío. Desde 2008, la economía mundial está atrapada en un entramado de deudas, algunas de difícil cobro. ¿ Mejorarán las perspectivas? Lo harán en la medida en que se vaya resolviendo el sobreendeudamiento que afecta a algunas categorías de deudores y países. Lo terrible es que, a siete años de la crisis financiera del 2008, se ha avanzado bastante poco en el proceso "desapalancamiento", que es el símil de la física con que los banqueros se refieren a la reducción gradual de niveles excesivos de endeudamiento.

Este es el mensaje del estudio que publicó el mes pasado la consultora internacional McKinsey para 47 economías. Solo cinco economías emergentes y ninguna desarrollada han reducido sus niveles de deuda, siendo estas últimas las más afectadas. A nivel global, el monto de las deudas se ha incrementado, entre 2007 y 2014, en 57 billones de dólares, de manera que, si en 2007 la deuda total era 269% del PBI mundial, ahora es 286%.

Pero hay que recordar que, en el agregado, las deudas suman cero. No hay deudor sin acreedor: el que debe dinero se lo debe a alguien, cuya acreencia es una deuda con signo negativo; si sumamos el débito del deudor y el crédito del acreedor el resultado, es cero. De manera que, cuando decimos que hay familias, empresas y Estados que deben dinero, al otro lado del espejo hay familias, empresas y Estados que son sus acreedores por los mismos montos. Todo se resolvería si se pudieran ajustar de golpe los niveles de deuda de los deudores con problemas a su capacidad de pago. Sin embargo, esto es fácil de conceptualizar en teoría, pero difícil de conseguir en la práctica. En el mundo real, los descuentos en los saldos de las deudas solo se dan en casos extremos, cuando los deudores dejan de pagar o los acreedores aceptan pago parcial.

Por eso, los excesos de endeudamiento normalmente se corrigen poco a poco. El desapalancamiento es, por tanto, un proceso esencialmente lento. Cada año los muy endeudados consumen menos y ahorran más para ir amortizando sus deudas. Desafortunadamente, los acreedores no compensan con un mayor consumo la frugalidad forzada de los deudores, lo que frena el crecimiento económico. La acción compensatoria del Estado, con políticas fiscales y monetarias expansivas, también está sujeta a los límites del endeudamiento público excesivo y las burbujas de activos, límites que ya estamos tocando.

La buena noticia es que el Perú sale bien parado del informe de McKinsey. Con una deuda total, pública y privada, del 65% del PBI e incremento de esta de solo 10% del PBI desde el 2007 (datos de McKinsey), el país se sitúa entre los más solventes.