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Ariel Segal,Opina.21 arielsegal@hotmail.com

¿Qué tienen en común musulmanes de Afganistán, Iraq, Siria, Somalia, entre otros lugares? Que en estos países están muriendo muchos de ellos por violencia de grupos fanáticos propios. En estos casos, muchas víctimas han pagado el precio del fanatismo religioso islámico que ataca a gente que profesa otra fe, como a cristianos en Nigeria, República Centroafricana, Somalia, etc., o a judíos en Israel, pero también asesina a gente de su propia religión por el atávico conflicto sunita-chiita y entre musulmanes islamistas y laicos.

¿Y en Gaza? Luego de que Israel se retiró unilateralmente en 2005, desalojando a 15 mil colonos, Hamas tomó el control de la Franja en 2007 tras una confrontación violenta contra el grupo laico Fatah (apenas cubierta por los medios). Desde entonces, la Franja se convirtió en un gran almacén de cohetes para atacar, cíclicamente, a poblados israelíes. Israel ha respondido con bombardeos contra un grupo islamista que, como los demás, exalta el martirio, y utiliza a civiles –incluso niños– como escudos humanos (esto no excluye el debate de si Israel se sobrepasa o se equivoca en algunos de sus ataques). Pero llama la atención la sobredimensión noticiosa de Gaza, puesto que son muchas más las víctimas musulmanas, en paralelo a este conflicto, en Siria, Iraq, Yemen, Asia Central, África del norte y Subsahariana.

La sobreexposición informativa en el caso Israel-Gaza y la desproporción ante la falta de protestas por la matanza de islamistas a musulmanes y cristianos revela que, más que una genuina empatía hacia cualquier víctima de cualquier tragedia, una motivación ideológica o ignorancia son las que predominan en la simplificación de este complejo conflicto presentado por muchos como uno entre 'buenos contra malos'.

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