(Foto: Getty)
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Lo ocurrido en Chile ha motivado reflexión y ha resultado en explicaciones y propuestas de solución, incluyendo extremas, como cambiar el modelo económico, que poco ayudaría. Lo paradójico es que ese país ha sido muy exitoso en aumentar el ingreso per cápita y reducir la pobreza y desigualdad. El coeficiente Gini cayó de 0.56 a 0.46, siendo menos desigual que varios países de la región y la calidad de sus servicios públicos e infraestructura son la envidia de sus vecinos.

Hay que tomar nota de lo ocurrido. Este descontento se debe a la percepción de la mala calidad de los servicios públicos y bajas pensiones, que son peores en Perú. La situación en Chile no ameritaba una protesta de tal naturaleza, pero es claro que se generó un exceso de expectativas insatisfechas.

Cuando terminen las protestas las personas no habrán mejorado su situación, muchas tendrán dificultades para movilizarse por los desmanes en el metro, otras habrán perdido sus trabajos por los saqueos e incendios, las pensiones seguirán siendo insuficientes, cientos quedarán presos y el Gobierno tendrá que ver cómo financia sus promesas en un contexto de incertidumbre.

No hay recetas mágicas para reducir la desigualdad y para lograrlo en el menor tiempo se debe trabajar en crecer más rápido, aumentar la recaudación y mejorar la cobertura de los programas sociales y la calidad de los servicios públicos a través de un Estado más eficaz. Más comunicación y mejor gobierno son indispensables para prevenir sucesos similares. Esto permitiría que la población sea más exigente respecto a las políticas y gestión del Gobierno para luego demandar lo que este no es capaz de ofrecer en el presente.

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