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Desconexión total

“De seguir así, con los actuales representantes, el país amenaza con convertirse en una bomba de tiempo”.

Martín Vizcarra

El presidente Martín Vizcarra indicó que aún hay quienes no reman en sentido contrario al cambio. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)

Desconexión total. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)

Editorial Perú21
Editorial Perú21

El Ejecutivo presentará hoy ante el Congreso el proyecto de reforma constitucional para adelantar las elecciones generales a 2020, en busca de una salida política y constitucional al atascamiento en que se encuentra el país. No obstante, al “vayámonos todos” el fujimorismo –con o sin carné– hasta ahora solo ha atinado a responder con un “váyase usted y déjenos el gobierno a nosotros”.

El desprecio que estos congresistas tienen por el sentir popular y por la institución que representan es espeluznante. Con tal de mantenerse atornillados en sus escaños, con los privilegios que estos les otorgan, no les importa que su credibilidad se siga yendo a pique, por la incoherencia y falta total de compromiso y responsabilidad con el encargo que recibieron: legislar en beneficio del Perú.

De prosperar la propuesta presidencial, lo que nos deparará el futuro podrá ser mejor o peor, eso dependerá de nosotros, los electores, pero de lo que no tenemos duda es que, de seguir así, con los actuales representantes, el país amenaza con convertirse en una bomba de tiempo.

Ocurrió con la llegada del presidente Martín Vizcarra a la Parada Militar del 29 de julio y se repitió al término de esta, cuando se retiraba y recibía el saludo de los ciudadanos allí congregados. Voces aisladas, primero, que al cabo de unos segundos se convirtieron en un desacompasado coro multitudinario gritando, al paso del vehículo donde iba el mandatario: “¡Vizcarra, bota a los corruptos!” y “¡presidente, cierren el Congreso!”.

Horas después, ese mismo día, desde distintos foros, connotados miembros de la mayoría parlamentaria exigían, sin embargo, a voz en cuello la renuncia del presidente de la República y que dejara las riendas del gobierno al Congreso, o sea, a ellos.

Difícil ilustrar de mejor manera la desconexión tan extrema que hoy existe entre los electores y los elegidos para representar la voluntad popular en el Poder Legislativo. Una brecha audible en las calles, que los liliputienses índices de aprobación del Parlamento corroboran mes a mes en las encuestas, es decir, un desprestigio tan consistente que pone en grave riesgo a todo el sistema democrático.

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