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Carlos Basombrío,Opina.21cbasombrio@peru21.com

Y no es que estos se fueran a la abstención, sino que la gran mayoría fue directamente donde Capriles.

El no reconocimiento de su triunfo por parte de una oposición por la que han votado "oficialmente" casi el 50% de los venezolanos, lo coloca en una situación tremendamente complicada. Aún si las manifestaciones de protesta son sofocadas, el escenario es nuevo y dificilísimo para los chavistas.

Es que el problema de Maduro es también hacia adentro de la coalición de gobierno. Se suponía que los debía llevar a una victoria clara y no a este desastre. Ya al interior del PSUV debe haber grietas profundas y serruchos activos.

Además de la grave crisis política, la economía de Venezuela está en ruinas y se necesitan medidas duras para corregir los desajustes que la hacen inviable.

No hay país que aguante por mucho tiempo un déficit fiscal, una inflación, un desabastecimiento y un deterioro de la capacidad productiva como los que tiene Venezuela.

Ni se diga lo difícil que será para Maduro gobernar un país que disputa el primer lugar de la tasa de homicidios del mundo.

Para enfrentar males tan agudos se requeriría de fuerza política y capacidad de llegar a consensos. No hay ni lo uno ni lo otro.

Paradójicamente para Capriles, el resultado es perfecto. Quizás le hayan arrebatado los votos, pero no le convenía ganar. Habría tenido que hacerse cargo de los problemas monstruosos arriba mencionados, sumados a una feroz oposición chavista que seguiría controlando el Congreso y las gobernaciones; además de la calle y, de seguro, brotes de oposición armada.

La papa caliente la tiene en estos momentos Nicolás Maduro.