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Si el presidente Humala leyera (adecuadamente) las encuestas, se daría cuenta de que, a pesar del juego de "todo o nada" que ha planteado respecto a la 'ley Pulpín' (como bien señala el director de este diario, el sábado último), tiene salidas más decorosas. Si bien tal contumacia presidencial es a todas luces impopular (solo 8% de peruanos desearía dejarla como se promulgó), la consigna de las marchas juveniles alcanza un tercio a nivel nacional (31% considera que debería ser derogada). Ha pasado inadvertido que más de la mitad de encuestados (55%) está a favor de su modificación, un poco más en los sectores A (58%), D (57%) y E (56%) que en B (52%) y C (53%). ¿Hay acaso una salida intermedia?

La sesión extraordinaria de hoy podría poner en el tapete la posibilidad de alternativas a la posición de suma cero que ha llevado el conflicto entre gobierno y la protesta social. Aunque diversos medios han explicado el rechazo mayoritario a la 'ley Pulpín' como una consecuencia de "demagogos populistas", la "demagogia tecnocrática" –quienes defienden apasionadamente la propuesta "técnica"– parece haber hecho su trabajo en un sector del público. Opacado por la terquedad del Ejecutivo, el mensaje de fondo –la lucha contra la informalidad– es correcto y puede servir de eje para un pacto plural.

En Palacio, lamentablemente, no abunda materia gris. ¿Y en las oposiciones parlamentaria y callejera? Mi crítica a la ausencia de liderazgos juveniles encuentra asidero en este punto: ¿cómo pasar de la consigna maximalista –derogatoria– a una alternativa viable políticamente? Si bien este debate ha desnudado las limitaciones del mandatario y su tecnocracia, los movilizados también están en deuda. Ojalá no defrauden.