Derechitos a la izquierda

"Si algunas cosas hay que reconocerle a la izquierda -que pocas son- son esas habilidades casi escurridizas y soterradas de mimetizarse en los nuevos tiempos, a la vez que mantienen debajo de esa fachada progre las viejas caretas de antaño".

Santiago Sánchez-Checa
Santiago Sánchez-Checa

La derecha en el Perú es casi inexistente. Se constituye a duras penas por un grupo minúsculo de personas que por razones políticas se han visto enfrentadas. Como en toda ideología, la derecha goza de ramales que se bifurcan hacía otras ideas accesorias. Aquello, a fin de cuentas, es positivo, pues nutre el proceso de cohesión y debate interno.

A estas alturas, no es sorpresa que el grosso de nuestros congresistas estén ahí de "relleno". Muy pocos tienen demarcado un sendero liberal que les confiera herramientas de diagnóstico y análisis objetivo para descifrar el impacto de los proyectos de ley que pasan por sus carpetas. Pertenecen a partidos dizque de derecha, pero que a la hora de votar, nada se ciernen a esos principios y en cambio, solo acatan órdenes provenientes de superiores vacuos.

Algunos son díscolos y cuando se atreven a saltar, son destrozados en las garras de sus correligionarios o por los despiadados teclados de internautas cobijados detrás de la celosía del anonimato. Los pocos que salen victoriosos son defenestrados y obligados a valerse por sí mismos.

Los atropellos del Congreso han sido constantes: Agrobanco, REJA para desempleados, Impuesto Selectivo al Consumo. Pocos fueron los que se levantaron a cuestionarlos.

Tanto PpK como FP, que comparten, según su planes de gobierno, una visión liberal, han fallado en defender desde sus curules, los atentados de la izquierda.

Si algunas cosas hay que reconocerle a la izquierda -que pocas son- son esas habilidades casi escurridizas y soterradas de mimetizarse en los nuevos tiempos, a la vez que mantienen debajo de esa fachada progre las viejas caretas de antaño. Una suerte de remake, sumado a una hipnótica campaña que, sépase cómo, les absuelve de sus pecados y los convierte en los buenos de la película de cara a las nuevas generaciones.

Se palpita en el ambiente un piloto automático. Los logros que hemos alcanzado en los últimos años no han sido sencillos ni mucho menos elementales. Sin embargo, pareciera que los nuevos políticos -no todos- tienden a creer que los cimientos liberales son innatos en nuestra sociedad, cuando en realidad es todo lo contrario.

Necesitamos de políticos convencidos de un camino, sinceros con sus principios y adictos al ejercicio del debate nutrido. Enhorabuena a la Bancada Liberal, que podría ser uno de los pocos focos que alumbre con ideas.

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