(GEC)
(GEC)

Casi tanto como las candidaturas presidenciales, los electores deberían reflexionar hondamente antes de votar por determinadas listas parlamentarias. Los Congresos de la República que cada episodio de sufragio viene endilgando al país, desde su retorno a la democracia en 2001, no han hecho sino irse degradando, uno tras otro.

Si antes teníamos un hemiciclo dominado por los blindajes y el encubrimiento a la corrupción, ahora sufrimos un verdadero festín de populismo e irresponsabilidad que, camuflándose tras chorros atómicos de palabrería hueca, propone y dispone leyes inmediatistas que, más a la corta que la larga, continuarán menoscabando la economía de los peruanos.

Y una de sus víctimas predilectas –con una insistencia casi rayana en la obsesión– es, qué duda cabe, el sistema previsional, sea privado o del Estado. En el vademécum de estos parlamentarios parece que no existiera receta más fácil para granjearse las simpatías populares que “regalarle plata” a la gente; plata que no es suya, desde luego, sino la de los propios ahorristas, las no tan futuras víctimas de estas leyes. Esos nueve proyectos de ley que, incluso, algunos de ellos buscan permitir el retiro del 100% de los fondos que los contribuyentes han depositado en distintas AFP no solo lograrán tumbarse el sistema privado de pensiones, sino que, además, dejarán a más de un millón de personas sin jubilación.

Tan familiarizados con el tema se sienten en la Plaza Bolívar –han vuelto una y otra vez a él, siempre con idéntico afán depredador– que la Comisión de Economía no ha atendido ninguna de las recomendaciones de entidades competentes como la Superintendencia de Banca y Seguros o el Banco Central de Reserva, amén de distintos especialistas que inequívocamente ven estas medidas como catastróficas para el sistema previsional.

Estamos, una vez más, ante otro atentado contra la economía del país, pues cuando en un futuro próximo –con la ONP ya dañada también por el mismo Congreso– todos esos trabajadores se queden con poco o nada para cubrir su vejez, el Estado se encontrará con una tragedia social cuyo costo será de proporciones inimaginables.




TAGS RELACIONADOS