El demonio de las armas

“Se ha confirmado que se trató de un accidente, producto de la irresponsabilidad del menor: el chico llevó a clases el arma de su padre, sin su consentimiento”.

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El ministro de Educación, Daniel Alfaro, precisó que las clases escolares comenzarán el 11 de marzo en los colegios públicos. (Foto: GEC)

El ministro de Educación, Daniel Alfaro, precisó que las clases escolares comenzarán el 11 de marzo en los colegios públicos. (Foto: GEC)

Editorial Perú21
Editorial Perú21

Los peruanos siempre hemos leído con estupor las terribles noticias que suelen llegar sobre tiroteos y matanzas en locales escolares, provenientes principalmente de los Estados Unidos, cuya longeva Constitución ampara el derecho de los ciudadanos a portar armas de fuego.

Hechos de sangre que incluso se han extendido al vecindario sudamericano, en Brasil, por ejemplo, donde –hace unos días dos adolescentes dispararon contra estudiantes de un colegio de Suzano, en las inmediaciones de Sao Paulo, dejando diez muertos y numerosos heridos– el actual presidente, Jair Bolsonaro, convirtió la liberalización del uso de armas en una de las principales banderas de su campaña.

Lo sucedido ayer en un colegio de Villa El Salvador poco tiene que ver con los hechos que mencionamos, pues se ha confirmado que se trató de un accidente, producto de la irresponsabilidad del menor: el chico llevó a clases el arma de su padre, sin su consentimiento, para enseñársela a sus compañeros y esta se disparó en un descuido mientras la manipulaba.

Es difícil dilucidar si el estudiante la llevó al colegio para alardear, para que él y sus amigos se tomaran fotos con ella, o solo para mostrarla, pero lo cierto es que la desafortunada ocurrencia terminó cobrando una vida y dejando herido a un compañero.

Los especialistas analizarán el caso, mientras autoridades del Ministerio de Educación seguramente tomarán medidas para que este tipo de incidentes no vuelvan a ocurrir. Ante ello, habrá que plantearse algunas políticas de prevención en las instituciones educativas, pues como demuestra la mencionada experiencia en otros países, los clásicos conflictos de la adolescencia se ven ahora distorsionados por el uso intensivo de las redes sociales y el consabido afán de visibilidad que estas acarrean.

La instantánea notoriedad, microfama, que es posible lograr a través de un selfie, por ejemplo, hace que muchos jóvenes vean en este género fotográfico al alcance de casi todos, una salida a los dramas típicos de su edad. Y hay quienes llegan a hacer lo indecible por llamar la atención en estas plataformas digitales.

Puede que el incidente en Villa El Salvador haya sido solo un aviso.

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