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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Todo indica, hasta ahora, la existencia de una estrecha relación entre Óscar López Meneses, antiguo y cercano colaborador de Vladimiro Montesinos, y miembros del actual gobierno. Al menos dos fuentes, el fallecido empresario Augusto Vega Rioja y el congresista Mauricio Mulder, aseveran que dicha relación llegaría hasta al mandatario, Ollanta Humala. No es necesariamente cierto, pero sin duda es una hipótesis que se debe estudiar.

Lo primero por entender es la importancia, para alguien con poder en el gobierno, de Óscar López Meneses. Identificar si efectivamente existía una relación estrecha con el actual mandatario, como afirman al menos dos personas, es un primer hecho de importancia. Explicaría, en algún grado, la actual relación entre el mismo y el gobierno. Que López Meneses haya acudido a una ceremonia oficial en el local policial de El Potao, así como la masiva custodia que ha recibido por más de un año, demuestran el grado de importancia.

Esta es la punta del iceberg. Lamentablemente sólo queda a estas alturas muchas –demasiadas– interrogantes. Y el pasado, como sabemos, no ayuda; muy por el contrario, amplifica las interrogantes.

Nuestra democracia no debe permitirse el regreso de lo más nefasto de los noventa, y esperamos que el presidente Humala sea el primero en reconocerlo. Cómo demostrar dicha preocupación será muy sencillo: se tiene que enfrentar este tema de cara e investigar hasta las últimas consecuencias.

Hacemos un llamado, por ello, al presidente Humala para que solicite una investigación profunda y súbita, que no deje rastro ni espacio para la conjetura. Minimizar este problema sólo ahondará las suspicacias y alimentará las teorías conspirativas. La verdad es sólo una, y es el mandatario quien –por el bien de la democracia– debería ser el primer interesado por encontrarla. Eso, o nos perdimos en la curva maldita que ya conocemos.