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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

El trabajo de los medios, que debiera ser el de informar y hacer comprensible dicha realidad, termina mareando porque la mayoría se desboca –sin demasiados miramientos– para defender sus puntos de vista. Viven en una interpretación constante de todo cuanto ocurre, en la que lo acontecido, gracias a un proceso de racionalización más algunas mentiras, confirma la visión del mundo del expositor o columnista. Mario Vargas Llosa no podía estar ausente y ha vuelto a augurar, repitiendo una letanía que le ha venido fallando en los últimos 14 años, que Venezuela va rumbo al desastre. El Nobel es, decididamente, un demócrata corporativo. Para él democracia es defender al gran capital contra cualquier intento de achicar la brecha entre pobres y ricos. Hugo Chávez, en ese campo, era el mayor insolente y con sus palabras así lo ha dicho el escritor. Si uno lo leyera solo a él –o los que como él piensan– mañana estaríamos organizando una colecta para la hambreada Venezuela. La democracia de las urnas comienza a incomodarlos. Es contraria a los intereses que defienden. Entenderlo es simple. Hay crisis económicas, como la del 2009, e inmediatamente subsidian a bancos y aseguradoras. Hay crisis alimentaria, y darle de comer a la gente es un gasto inútil que fomenta la vagancia.

No creo que Venezuela sea un paraíso, pero estoy seguro que Grecia, España, etcétera comienzan a parecerse al infierno. En Venezuela, millones despidieron a su líder. En España, multitudes hubiesen querido despedir a Rajoy. Chávez es un dictador, Rajoy un demócrata.