De entrada, los gobiernos suelen ser pésimos gestores, pero el que tenemos actualmente es, sin dudas, el peor de las últimas décadas.
De entrada, los gobiernos suelen ser pésimos gestores, pero el que tenemos actualmente es, sin dudas, el peor de las últimas décadas.

La semana pasada, Sigrid Bazán propuso debatir sobre la posibilidad de expropiar clínicas privadas para garantizar el acceso a servicios de salud a todos los peruanos. Si bien la intención de fondo es deseable, sobre todo considerando que algunas instituciones privadas cometen excesos que deben sancionarse, existe un riesgo no menor a considerar.

De entrada, los gobiernos suelen ser pésimos gestores, pero el que tenemos actualmente es, sin dudas, el peor de las últimas décadas. A modo de muestra, basta con revisar el nivel de ejecución del presupuesto de medicamentos a cargo del Minsa.

El año pasado, se presupuestaron S/822 millones para comprar medicinas y suministros médicos, pero apenas se ejecutaron S/327 millones, equivalentes al 39% de lo presupuestado inicialmente. Si bien el dato oficial para 2019 fue del 90%, hay que considerar que les metieron una buena maquillada a las cifras, reduciendo el presupuesto en 56%.

Con la pandemia del COVID-19 y con más de 230,000 infectados, uno esperaría que el Minsa haya aprendido de sus errores y que esté ejecutando con celeridad el presupuesto de medicamentos de este año, el cual asciende a S/609 millones. Lamentablemente, para los ciudadanos y médicos, el Minsa de Zamora, al día de ayer, apenas ejecutó un ínfimo 16%.

Entonces, si consideramos que desde el año pasado el Ejecutivo de Vizcarra es incapaz de utilizar los recursos que tiene para suplir la falta de medicinas en instituciones públicas, ¿acaso no es un delirio esperar que, en caso de que se expropien las clínicas privadas, estas sean bien gestionadas? Sin duda hay que hacer cambios, pero probablemente ese no sea el más adecuado.

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