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Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Una niña de 6 años no acepta ir a un taller de verano sola sin su mamá o nana. Otra de 5 no acepta quedarse dormida sin la compañía y cariños de su mamá. Otro niño de 7 años no va a ninguna casa invitado sin su nana. Cuando uno les pregunta a los padres por qué no los dejan solos para estas actividades, responden cosas como: "Noooo, pobrecito, ¡lloraría!". ¿Quién llora? ¿El niño o el adulto? Es decir, muchas veces, nuestra propia angustia de separación de nuestros hijos, o nuestro abrumador instinto sobreprotector, es lo que no les permite a ellos avanzar y crecer. Toda la familia termina convencida de que el niño "no puede" asumir nuevos retos y no lo estimulan a hacerlo. ¿No estamos criando así niños 'abebados', dependientes y con poca seguridad en sí mismos? Si como padres nos convencemos de que sí son capaces de asumir los retos del crecimiento y que el hacer un esfuerzo para lograrlos los fortalece, les transmitimos seguridad y confianza en ellos mismos, y lo hacen. No son ellos, ¡somos nosotros!