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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Así tenemos, por ejemplo, que un minero formal en el Perú, que ve su esfuerzo de exploración finalmente coronado con algún valioso hallazgo, es premiado con un vía crucis burocrático. Por lo que antes de poder agregarle valor al país sacando al mercado el mineral que ha encontrado, tiene que pasarse años persiguiendo a sucesivos funcionarios, todos ellos reacios a tomar cualquier decisión, antes de ser autorizado.

Pero lo peor del caso es que, al final del tortuoso camino, el minero se encontrará con revoltosos que tratarán de evitar que llegue el bienestar que trae la inversión. Ello debido a que quieren que su comunidad siga en la pobreza para mantener el mercado cautivo de un electorado desesperado. En ese momento, el Estado que tanto estudio y garantía exigió antes de permitir la explotación brillará por su ausencia sin brindar protección, temeroso de aplicar la ley, de implementar la legislación.

Al mismo tiempo, y no muy lejos del proyecto formal que agitadores ahora mantendrían bloqueado, trabajarán libremente miles de mineros ilegales que depredarán el medio ambiente sin ningún control del Estado. Más aún, tampoco pagarán tributo alguno al vender el oro que obtengan para que sea utilizado en el lavado de los ingresos del narcotráfico. Al final, lo que tenemos es la ruta completa del crimen a vista y paciencia de las autoridades que se hacen a un lado, asustadas por un supuesto e inexistente 'costo social'. Por lo que el mensaje que este gobierno le está dando a la población es que el mantenerse en la ilegalidad da muy buenos resultados.