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Ariel Segal,Opina.21arielsegal@hotmail.com

En los últimos meses, el Estado Islámico de Siria y el Levante (ISIS), que controla parte del norte de Iraq y del oeste de Siria, ha ejecutado varias crucifixiones contra cristianos. Este tipo de ejecución cruel, practicado por los antiguos persas y otros pueblos de las costas del Mediterráneo –y luego llevado al paroxismo por la Roma antigua– fue abolido con la fundación del primer imperio cristiano, el bizantino, en el siglo 4 d. C.

En el siglo 7 d. C., con el surgimiento del islam, el texto sagrado que Mahoma presentó a sus seguidores, en su versículo 33 del quinto libro, estipuló que la pena para aquellos que hagan la guerra contra Dios y sus mensajeros y lleven corrupción a la tierra "no es otra que la muerte o la crucifixión", entre otras que incluyen la amputación de miembros del cuerpo, o en el caso más benigno, el exilio. Sin embargo, el Corán exonera de esta lenta y brutal matanza a quienes se arrepientan de sus pecados antes de ser capturados.

Históricamente, los imperios musulmanes casi no utilizaron la crucifixión como instrumento de ejecución. Sin embargo, los islamistas de nuestros tiempos han vuelto a reinstaurarla en la Sudán fundamentalista del dictador Omar Al Bashir desde 2002 contra sacerdotes cristianos; en Yemen, como forma de tortura, por una filial de Al Qaeda; en la sunita Arabia Saudita y la chiita Irán, esporádicamente, como "castigo ejemplarizante", e incluso Hamas instituyó la crucifixión en la Franja de Gaza desde 2008.

El ISIS se ha ensañado en especial contra cristianos iraquíes y sirios, y, así como ocurrió con ellos y los judíos durante las persecuciones romanas, hoy los grupos islamistas perpetran ese tipo de cruel tortura y matanza que se creía erradicada.