notitle
notitle

Beto Ortiz,Pandemonio

Trujillo, viernes 27 de junio de 20148:52 p.m.Querido Beto:Hace unos minutos llamó Rafael mientras yo estaba dando examen de Filosofía en la universidad. El celular sonó en el silencio de las cabezas inclinadas y, en un parpadeo, todos miraron cómo, desde mi mochila, se escapaban los "Labios compartidos" de Maná. El profesor se acercó y me dijo, con un tono muy amable y extraño: "Conteste el teléfono, quizás es una emergencia". Y, en verdad, lo parecía. Cuando saqué el celular, me tope con siete llamadas perdidas de Rafael y un mensaje de texto que decía: Llámame, carajo. No lo hice, ya no tenía saldo, así que terminé el examen, puse mi nombre en letra clara y tinta azul Faber Castell y fui por algo de comida al quiosco. Allí me encontré con Solange, una chica guapa que estudia Derecho como yo, pero en otra sección. Me miró con alegría primero y, luego, con asco. No la juzgo. Yo también miraría con asco a un aprendiz de poeta que me envía cartas enamorándome para nunca invitarme a salir. Pero hoy estaba más guapa que nunca. Cuando estaba a punto de animarme a hablarle, llamó Rafael. Esta vez sí contesté. Rafa puede convertirse en una ladilla de culo si se lo propone:

- Aló, dime. – Adivina quién llega mañana a dar una charla a Trujillo. – ¿Quién? – El pata ese, pe', el del libro azul que tenías la vez pasada, el que sale en la tele.-Estás perdiendo la memoria con tanta paja. ¿De quién me hablas? – El huevón ese, pe'… El del Valor de la Verdura.

Y fue así como te encontré. Déjame presentarme. Soy Freddy, tengo 18 años. De profesión, poeta. Soy cachimbo de la Universidad Nacional de Trujillo. Tengo miopía y astigmatismo. No soy bueno en matemáticas mas sí en las bellas artes del café. No tengo auto, no tengo el cuerpo de alguien que entrena religiosamente, nunca voy a discotecas pues me parecen muy putas ni he viajado fuera de los límites del departamento de la Libertad, pero tengo el cabello rizo y solo los ángeles tienen el cabello rizo, según Saramago. Soy el cuarto de cinco hermanos, no tengo novia y, salvo pequeños escarceos amorosos, soy virgen. Disfruto mucho de caminar y de hacer cosas comunes como asistir a la ópera o conversar con manzanas.

Voy a contarte cómo te conocí: un día, en el cole, jugamos al amigo secreto y a la persona que le tocaba regalarme se le ocurrió darme tu libro azul envuelto en un papel de carros y ositos. Dejé el regalo sin abrir y, mucho tiempo después, embalando mis cosas para una mudanza, rompí la envoltura y lo hojeé u ojeé (no sé cuál de las dos sea la forma correcta de escribirlo). Me atrapó el primer texto intitulado "Escribo", que hizo que en dos días me devorase íntegro tu Por favor, no me beses. Disfruté mucho cada una de tus líneas, pero solo supe que tus manos eran realmente prodigiosas al llegar hasta Extraño, crónica que me releí en voz alta una y otra vez hasta dormirme como un niño. Imagino que no seré el único que, al leerte, ha sentido ese mismo escalofrío, ese aroma a playa, esa montaña rusa, esa hecatombe que se oculta en tanto corazón bandido. Compré Mis queridos vándalos a los piratas del semáforo, a trece solcitos, baratito nomás y me sucedió exactamente lo mismo. Daniela, que entonces era mi novia, el día que celebramos nuestro tercer mes juntos me regaló Soy el hombre de mi vida, tu libro rojo, pero un día que caminábamos de la mano, se enojó mucho al ver que yo no le prestaba mucha atención porque estaba demasiado ocupado leyéndote, así que se detuvo y me cuadró:

- Decídete, ¿el libro o yo?

Y, antes de que pudiera contestarle nada, me arrebató tu libro de las manos y lo lanzó por los aires y el pobre terminó en lo alto de la ventana de una iglesia.

- Fui yo la que te regaló ese libro, tengo derecho a hacerlo mierda.

La Danielita era así. Siempre celosa. Celosa hasta de mis autores favoritos: celosa de Papá Ribeyro, de Oswaldo Reynoso, de los grandes poetas de esta tierra comenzando por Lizardo Cruzado y terminando por nuestro siempre espectacular Vallejito. Pasaron muchos meses antes de que pudiera volver a comprarme de nuevo ese libro, esta vez en una de esas socorridas ediciones "Semáforo", sello este en el que también me compré tu Maldita ternura.

Por cierto: ¿Y qué ha sido de la vida de Galleta?

Te he escrito muchas veces a través de las redes sociales pidiéndote que escribas nuevas cartas de amor, pero jamás me respondes, maldito. Esas cartas de amor tuyas son la principal razón por la que hoy te escribo: que tus manos nunca dejen de danzar sobre el teclado, que sigas viviendo tu vida literariamente, que no pierdas la magia, que sigas escribiendo con el mismo atrevimiento, que sigas amando escribir, con los mismos huevos para mostrarle al mundo, sin roche, tu corazón. Aunque muy pocos te lo reconozcan, ha llegado la hora de que alguien te lo diga. Te he escrito esta carta para que sepas que, a muchos kilómetros de distancia, en un remoto lugar llamado urbanización Chicago, vive un chico que te lee y que te admira.

Freddy

P.D: Si te animas a escribirme, en el sobre puse mi dirección. Gracias por todo, Beto, que sigan los éxitos, un abrazo de oso.

P.D 2: Y, si puedes, también un Sublime.

TAGS RELACIONADOS