Coronavirus. (EFE).
Coronavirus. (EFE).

Hay días aciagos. Son los que vivimos en España desde el 9 de marzo. El número de contagiados de 2,200 pasó a 3,000 en 24 horas. Se teme que durante el fin de semana la curva supere los 10,000 afectados. El presidente del Gobierno, sudoroso y cariacontecido, acaba de anunciar que el gobierno decretará el estado de alarma. El virus parece haberse cebado con la capital del reino. No hay que ser muy imaginativos para deducir que, cerrados colegios, bares, restaurantes, museos, el siguiente paso será ordenar el confinamiento de la población.

Al final, parece ser que lo drástico de las medidas chinas era lo correcto. Ellos han reducido las cifras. Escribía, hace pocos meses, en esta columna, sobre el “enemigo público número 1”. Creo que no era consciente, en ese momento, de cuán cierta era la calificación que diera la OMS al fenómeno, que ya es pandémico. Los políticos están en la hora de mostrar sus cualidades. De “actuar” –la OMS ve con horror que hay mucha inacción–. Hay que transmitir confianza y seguridad a la ciudadanía. Y los ciudadanos, demostrar responsabilidad individual, o mejor, “disciplina social”. Se trata de evitar reuniones en espacios cerrados, ser pulcros y reiterativos (exagerados) en el lavado de manos, evitar el contacto personal, proteger a las personas de edad, que son las más vulnerables. La OMS habló de “momento histórico para la solidaridad”. Es la hora de arrimar el hombro y contribuir a que la curva de infectados detenga su marcha ascendente de esta forma vertiginosa que ningún sistema médico, por bueno que sea (y el español lo es), tiene la capacidad humana y técnica de soportar. Es la hora de demostrar que somos capaces de asumir nuestra parte de responsabilidad individual. Es la hora de crear confianza; de la solidaridad mundial.

TAGS RELACIONADOS