Desde hace una semana se decretó un aislamiento social que obliga a la población a quedarse en casa y solo salir para comprar o por emergencias. Incluso se ha impuesto un toque de queda más estricto. Todo esto tendrá éxito solo si los autorizados a circular por sus labores lo hacen en aislamiento social. Preocupa el poco aislamiento en mercados y transporte público, ambos grandes focos de contagio. Y en el último se mueven muchos de los que trabajan en los hospitales y centros médicos.

Sé de los esfuerzos del Gobierno para promover que la gente respete el aislamiento, pero creo que se debe hacer más para reducir las congestiones en el transporte: medidas como ordenar a las empresas que pongan horas escalonadas de ingreso, que trabajadores no vuelvan a casa todos los días o promover el uso de bicicletas.

Esto último se debe recomendar especialmente a los que trabajan en hospitales y centros médicos. En Italia y España muchos contagios se han producido en estos centros.

Los que han estado en China habrán visto la cantidad de gente que usa bicicletas. Eso ayudó a reducir el contagio. Una de las cosas que más asombró a los especialistas chinos al ir a Italia hace unos días fue que el transporte público seguía operando.

Difícil ser tan drásticos como en China, pero hay que tomar medidas más estrictas para que el aislamiento social tenga más de aislamiento y menos de social. Aún hay muchos irresponsables que van a restaurantes y bares o corren por las calles. Aislamiento a medias no es aislamiento. Por último, aumentar agresivamente el número de pruebas a posibles infectados es indispensable para aplanar la curva, como lo demuestran los países más exitosos. No basta con aislar.